LECTURA RECOMENDADA

BEETHOVEN HERRERA VALENCIA

Agosto 2025, Edición 376.

¿PARA BIEN O PARA MAL? / BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO / 2005.

LA COHESIÓN REGIONAL EN EL PROCESO DE UNIDAD EUROPEO

El proceso de formación de la Unión Europea se basa en una concepción de “Casa Común” que busca equilibrar los desbalances y cerrar las brechas heredadas históricamente a efecto de prevenir migraciones desordenadas y mejorar la cohesión social interna en los países.

El caso europeo es uno de los casos mejor estructurados acerca de cómo se puede mejorar el balance económico regional interno a cada país y entre los Estados miembros. El objetivo ha sido la reducción de los desequilibrios en el desarrollo de los países y regiones más atrasadas, así como la búsqueda de una mayor inclusión social de los ciudadanos de la Unión Europea.

La política de cohesión es una herramienta esencial en la estrategia de integración, especialmente para los países del Este que se unieron a la Unión. La diversificación de los niveles de desarrollo económico y social, particularmente en términos de ingresos y empleo, ha sido uno de los mayores desafíos. La política de cohesión se ideó como un mecanismo clave para asegurar que la expansión de la Unión se llevara a cabo de manera gradual y exitosa, proporcionando los fondos necesarios para garantizar el crecimiento de todas las regiones.

En este marco, el Fondo Social Europeo (FSE) juega un papel crucial como instrumento de inclusión. El FSE apoya programas enfocados en el desarrollo de competencias laborales y sociales, especialmente dirigidos a aquellos grupos en riesgo de exclusión, tales como jóvenes, personas discapacitadas o desempleadas. De esta manera, no solo se busca la mejora de las habilidades laborales, sino también el acceso al mercado de trabajo y la creación de nuevas oportunidades de empleo.

A pesar del crecimiento económico sostenido de la Unión, las disparidades entre las regiones continúan siendo notorias. Las zonas más ricas concentran una proporción significativa del PIB, mientras que las regiones menos desarrolladas siguen enfrentando grandes desafíos. No obstante, gracias a los fondos estructurales y al Fondo de Desarrollo Regional (Feder), se ha logrado una reducción de estas diferencias. Entre 1988 y 1999, países como España, Grecia y Portugal mejoraron significativamente sus niveles de ingreso, gracias a las intervenciones de la política de cohesión.

 El Feder, creado en 1968, ha financiado diversos proyectos para promover la competitividad regional y el desarrollo de sectores clave como las pymes y las tecnologías avanzadas. En sus diferentes fases, ha pasado de cofinanciar proyectos en regiones en transición a invertir en la investigación y la innovación tecnológica, fortaleciendo la capacidad productiva y la competitividad a nivel comunitario.

El presupuesto de la Unión Europea, que representa solo un 1,27 % del PIB comunitario, se distribuye principalmente entre la Política Agrícola Común y los fondos destinados al desarrollo regional y social. Estos fondos se asignan mediante un sistema de cofinanciación que permite que las regiones más necesitadas reciban hasta el 75 % de los recursos, garantizando la inclusión y el desarrollo equitativo en todo el territorio comunitario.

  En Europa, los fondos estructurales buscan reducir las disparidades económicas y sociales mediante cofinanciación, con énfasis en empleo, inclusión social y equidad de género. Esta estrategia de tres fases permitió a los Estados miembros alinear sus prioridades nacionales con los objetivos comunitarios y asegurar la efectividad de las intervenciones.EC

 [1]. Profesor Emérito de la Universidad Nacional y de las universidades Javeriana, Magdalena y Prime Business School. Asesor externo de la Contraloría Delegada para Economía y Finanzas.

 [2] El presente texto es una síntesis del capítulo del autor titulado “Políticas estructurales y mecanismos de compensación para los países andinos”, el cual se publicó en el libro del Banco Interamericano de Desarrollo titulado ¿Para bien o para mal?, en 2005, y que reviste, sin duda, singular pertinencia para acompañar la discusión acerca del desbalance en el nivel de desarrollo de las regiones.

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