INCERTIDUMBRE ARANCELARIA, AGRO Y EMPLEO

JORGE BEDOYA VIZCAYA

presidente Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC)

Diciembre 2025, Edición 378.

Los lazos comerciales entre el sector agropecuario de Colombia y Estados Unidos dependen de la estabilidad en la relación bilateral y los encargados de mantenerla, que son los gobiernos de ambos países liderados por sus respectivos presidentes, tienen una responsabilidad aún mayor.

LO QUE EMPEZÓ EL DOMINGO 26 DE ENERO DE 2025 COMO UNA TENSIÓN POLÍTICA entre los presidentes de Colombia y Estados Unidos sobre temas migratorios, en cuestión de horas se transformó en el comienzo de una pesadilla diplomática y comercial que al momento de escribir este artículo continúa generando una enorme preocupación en el sector agropecuario colombiano.

Como resultado del acuerdo comercial entre nuestro país y los Estados Unidos, y luego de más de 10 años de implementación, el comercio agropecuario entre los dos países ha generado enormes oportunidades y retos para los diferentes sectores de nuestro campo. Para nuestro sector exportador el TLC fue la consolidación de un escenario para exportar sin aranceles a los Estados Unidos, que venían así desde las preferencias arancelarias del ATPA[1] , el acceso al mercado de ese país con nuevos productos ha contribuido significativamente al empleo y desarrollo de algunas regiones de Colombia.

Las exportaciones de Colombia en materia agropecuaria a los EE. UU. en el 2011, que fue el último año antes del inicio de la implementación del acuerdo, sumaron $2.466 millones de dólares. Trece años después fueron de $4.615 millones de dólares, de los cuales las flores, el café y el banano representan más del 76 % del total.

Si bien las exportaciones continúan concentrándose en esos tres productos, casos como el del aguacate Hass evidencian la importancia de mantener una relación bilateral estable. Como consecuencia del acuerdo comercial y de la gestión diplomática, en agosto de 2017 se logró la autorización del Gobierno de Estados Unidos para la exportación de esta fruta desde Colombia hacia ese mercado.

La exportación total del aguacate colombiano a los Estados Unidos para el 2017, año en que se logró la admisibilidad, fue de $83.000 dólares, y en un solo año ascendió a más de $600.000 dólares.

En términos de volumen, en el 2021 exportamos a los Estados Unidos 2.376 toneladas de aguacate Hass y para el 2024 la cifra ya superaba las 30.000 toneladas, convirtiendo a ese país en el segundo mercado más importante a nivel global para nuestros productores y para los más de 79 mil empleos directos que se derivan de esta actividad en más de 250 municipios del territorio colombiano.

En el año 2024 se exportaron más de $70 millones de dólares de esta fruta a los Estados Unidos y entre enero y agosto de 2025 la cifra de exportación al mismo destino alcanzó los $96 millones de dólares evidenciando una vez más lo que ha significado la apertura del mercado norteamericano y la importancia de tener una saludable relación bilateral.

El caso de las flores tiene una connotación similar. Si bien las flores colombianas se exportan a más de 100 destinos en el mundo, el 79 % de las exportaciones de este sector se realizan a los Estados Unidos.

En el 2024 nuestros floricultores exportaron a ese país $1.868 millones de dólares mientras que de enero a agosto de 2025 la cifra ya superaba los $1.350 millones de dólares. Hay que resaltar que la floricultura colombiana genera 240 mil empleos formales de los cuales 150 mil son directos; de estos, 90 mil son mujeres y el 55 % de ellas son madres cabeza de familia. La exportación de flores a los Estados Unidos es sinónimo de empleo, desarrollo y beneficios para miles de compatriotas.

Algo similar ocurre con productos como el café, el banano, la tilapia, el limón Tahití, la panela, el azúcar, el cacao, los productos de la chocolatería, las aromáticas y muchos más. Entre enero y agosto de 2025 nuestro país exportó más de $3.900 millones de dólares a nuestro principal socio comercial en productos del sector agropecuario.

Sin duda alguna poner en riesgo la relación bilateral, es poner en riesgo millones de empleos y el desarrollo de cientos de municipios de nuestro país.

En abril de 2025 el presidente Donald Trump anunció, lo que se conoció mundialmente como el “Liberation Day”, los nuevos aranceles que su país aplicaría a la mayoría de sus socios comerciales. El arancel base a aplicar para la mayoría fue del 10 %. Sin embargo, la Casa Blanca anunció que también implementaría aranceles particulares caso por caso. Para Colombia, y en la medida en que Estados Unidos tuvo superávit comercial con nuestro país, el arancel aplicado fue el 10 %, dejando al país en una clara desventaja frente a México, país que no tiene aranceles para entrar a los Estados Unidos en los productos con los que competimos en el mercado norteamericano. El aguacate Hass, el limón Tahití y la tilapia colombiana, solo por mencionar algunos, quedaron en franca desventaja.

En agosto de este año la Casa Blanca implementó nuevos aranceles para un grupo específico de países. Aparecieron las razones políticas, comerciales y una nueva forma de negociar y ellas marcaron el nuevo escenario del mercado internacional.

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En el 2021 exportamos a Estados Unidos 2.376 toneladas de aguacate hass y para el 2024 la cifra ya superaba las 30.000 toneladas

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Desde el mes de abril del año en curso los gremios de la producción hemos insistido, en múltiples reuniones con funcionarios del Gobierno Nacional, en la importancia de volver al 0% de arancel para el ingreso de nuestros productos al mercado norteamericano. Entendemos que desde la Embajada de Colombia en Washington y desde el Ministerio de Comercio Industria y Turismo se han adelantado conversaciones con funcionarios del Gobierno de Estados Unidos. Sin embargo y, a pesar de este esfuerzo, la pérdida de competitividad en ese mercado como consecuencia de los nuevos aranceles sigue siendo una realidad.

Para los Estados Unidos, Colombia también es un mercado de la mayor importancia para su sector productivo.

El crecimiento sostenido de la producción de proteína de origen animal en Colombia ha contribuido a la mejora nutricional de nuestros compatriotas. El huevo, el pollo y el cerdo son hoy productos que hacen parte de la dieta básica de los colombianos.

Gracias al esfuerzo de los empresarios, la tenacidad de sus colaboradores, los avances en tecnología y productividad, las eficiencias logradas como consecuencia de la implementación de diferentes estrategias como las integraciones verticales y las economías de escala y, por supuesto, las buenas inversiones de los recursos parafiscales que han hecho los administradores de estos recursos, Fenavi y Pork- Colombia, en sanidad animal, promoción del consumo, entre otras, el protagonismo de estos tres productos en la mesa de los colombianos es una victoria nutricional.

En el año 2000 la producción de pollo en Colombia fue de 552 mil toneladas mientras que la de huevo fue de 6.440 millones de huevos. En promedio, para ese año cada colombiano consumía 14 kilogramos de pollo y 160 huevos por año. Luego de 24 años las cifras de estos sectores evidencian el avance que ha tenido la nutrición colombiana.

Con más de 1.821.768 toneladas de pollo y cerca de 18.000 millones de huevos, producidos en 2024, el consumo per cápita en Colombia llegó a 35.7 kilogramos y 343 huevos por habitante al año. Un logro indiscutible para el país.

El caso de la carne de cerdo tiene una particularidad muy especial. Y es que este sector quedó expuesto muy pronto (5 años) a la competencia de los Estados Unidos una vez entró en vigor el acuerdo comercial con ese país.

Para el año 2010 la producción de cerdo fue de 194.000 toneladas y las importaciones totales de carne de cerdo y subproductos fueron de 22.500 toneladas. Tan solo tres años después las importaciones (no solo desde Estados Unidos) habían alcanzado más de 56.000 toneladas mientras que la producción nacional llegaba a 264.557 toneladas. Para el año 2024 las importaciones fueron de 165.806 toneladas mientras que la producción llegó a 608.752 toneladas.

Enfrentados permanentemente a la competencia internacional y a la interna, el sector porcícola se ha sabido reinventar y mantener su crecimiento y su cada día más importante participación en la nutrición de los colombianos y en la generación de empleo y bienestar. El consumo per cápita pasó de 4.8 kilogramos en el 2010 a 14.7 kilogramos en el 2024.

Las cifras hablan por sí solas: este sector también es un claro ejemplo de resiliencia empresarial que beneficia a los consumidores.

Para producir el pollo, el huevo, el cerdo, la tilapia y otras proteínas animales, se necesitan, entre otras cosas, tres insumos de gran importancia en el comercio mundial que son el maíz amarillo, el fríjol soya y la torta de soya. Estos tres insumos representan el grueso del alimento concentrado que puede llegar a pesar hasta el 70 % del costo total de producción de las proteínas de origen animal.

El abastecimiento de estas materias primas es tanto de origen nacional como importado y Estados Unidos se ha convertido en su principal proveedor internacional. Para el año 2010 la producción total de maíz tecnificado en Colombia fue de 819.663 toneladas y las importaciones totales de maíz amarillo por parte de nuestro país fueron de 3.434.220 toneladas. Para el 2024 la producción de maíz amarillo en Colombia fue de 1.040.723 toneladas mientras que las importaciones fueron 6.448.575 toneladas, siendo Estados Unidos el principal proveedor del componente importado con una participación del 99 %.

En el caso del fríjol soya y la torta de soya, Colombia pasó de importar 352.847 y 991.703 toneladas, respectivamente, en el año 2010 a 443.643 y 1.709.883 toneladas en 2024. La participación de Estados Unidos en el total de las importaciones fue prácticamente del 99 % en el caso del fríjol soya y del 84 % en el de la torta de soya.

Así las cosas y a través de los años Colombia se ha convertido en el tercer mercado más importante a nivel mundial para las exportaciones de maíz amarillo, después de México y Japón. En el caso de la torta de soya el consumo de esta materia prima por parte de nuestro sector pecuario hace que Colombia sea el segundo mercado más importante a nivel mundial para Estados Unidos de este producto. Estados como Louisiana, Texas, Illinois y Iowa dependen en gran medida de la estabilidad del comercio agrícola con nuestro país y de la salud de la relación bilateral.

Estas cifras evidencian que la importancia estratégica del abastecimiento de estas materias primas tanto para Colombia como para Estados Unidos es significativa.

Es evidente que los lazos comerciales entre el sector agropecuario de Colombia y Estados Unidos dependen de la estabilidad en la relación bilateral y los encargados de mantenerla, que son los gobiernos de ambos países liderados por sus respectivos presidentes, tienen una responsabilidad aún mayor.

Las tensiones que se han presentado durante el mes de octubre de 2025 entre los dos presidentes y el riesgo de una guerra arancelaria han generado una gran preocupación en el sector agropecuario. Como lo hemos advertido públicamente desde la Sociedad de Agricultores de Colombia, la imposición de aranceles adicionales a nuestras exportaciones a los Estados Unidos sería un duro golpe a más de un millón de trabajadores del sector y a nuestros productores.

Y si Colombia impusiera aranceles a los insumos que nuestro sector requiere para producir gran parte de la proteína de origen animal que consumen los colombianos, el golpe no solo sería para nuestros productores y sus trabajadores sino para los más de 50 millones de compatriotas que se enfrentarían a una compleja situación por el encarecimiento de estos alimentos.

Las tensiones políticas y comerciales no se pueden llevar por delante la seguridad alimentaria. La diplomacia, el interés nacional y la calma debe ser una prioridad para los mandatarios de ambos países. EC

[1] ATPA: Acta andina de preferencias comerciales, por su sigla en inglés.

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