FLORES Y RESILIENCIA
AUGUSTO SOLANO MEJIA
presidente de Asocolflores
Diciembre 2025, Edición 378.
La floricultura colombiana cumple 60 años como símbolo de cooperación, sostenibilidad y empleo rural. Con más de 240.000 puestos formales y presencia en 100 países, el sector enfrenta nuevos desafíos: aranceles, costos y competencia. Su historia prueba que la innovación, el trabajo conjunto y la visión exportadora florecen aun en entornos inciertos.
LA FLORICULTURA COLOMBIANA DE EXPORTACIÓN CUMPLE SESENTA AÑOS DE TRAYECTORIA. Tal como se narra en la publicación de Asocolflores Colombian Grown[1] su origen fue un verdadero caso de “Serendipity”: una serie de hechos aislados que, al entrelazarse por azar, dieron lugar a un resultado tan inesperado como transformador. En pocas palabras, se abrió la posibilidad de cultivar flores en la Sabana de Bogotá y exportarlas a los Estados Unidos, dando origen a una historia de cooperación, innovación y visión compartida que ha florecido durante seis décadas.
Durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, Colombia comprendió que la dependencia del café hacía vulnerable la economía y decidió impulsar la diversificación de las exportaciones. Con ese propósito se fundó Proexpo en 1966. Paralelamente, el presidente John F. Kennedy lanzó la Alianza para el Progreso, destinada a fomentar el desarrollo económico de América Latina. En ese contexto, el asesor del gobierno estadounidense, Walter Tatum, trabajó junto al gobierno colombiano y a empresarios nacionales para identificar nuevas oportunidades de exportación.
Entre los documentos que recopiló estaba el proyecto de grado de David Cheever, en 1964, estudiante de Colorado State University, quien señalaba a la Sabana de Bogotá como el lugar ideal para producir claveles de alta calidad durante todo el año.
Casi al mismo tiempo, Edgar Wells, un empresario norteamericano con vínculos en Colombia, también exploraba la posibilidad de cultivar flores con destino al exterior. Algunos agricultores de la Sabana contrataron a Cheever, otros se asociaron con Wells, y más empresarios se sumaron con entusiasmo a una iniciativa que, con el tiempo, se posicionó como un caso de éxito de la agricultura de exportación en Latinoamérica, como lo describió María Angélica Arbeláez en su estudio “Export Pioneers in Latin America” para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en el año 2012.
Así nació un modelo de exportación no tradicional que, gracias al esfuerzo conjunto, consolidó al país como potencia floricultora mundial.
Hoy, Colombia es el segundo exportador mundial de flores frescas cortadas, después de los Países Bajos —con más de cuatro siglos de tradición—, y el principal proveedor de flores para Estados Unidos, Canadá, Japón y Corea.

En 2024 el sector exportó 2.350 millones de dólares (Gráfico 1), generando más de 240.000 empleos formales directos e indirectos en tan solo 10.500 hectáreas cultivadas, con un promedio de dieciséis empleos por hectárea (Gráfico 2). Esto lo convierte en el sector agrícola más intensivo en mano de obra formal del país. El 60 % de sus trabajadores son mujeres y más de la mitad de ellas son cabeza de familia, reflejo del carácter socialmente inclusivo de este sector.


Este breve recuento de la historia de la floricultura colombiana nos permite resaltar que es el resultado de un esfuerzo conjunto de ambos países, una clara muestra de colaboración y cooperación mutuamente beneficiosa.
La floricultura colombiana también se ha consolidado como un modelo de sostenibilidad integral en el sector agrícola. A través del esquema de certificación Florverde Sustainable Flowers, los productores garantizan la producción responsable de flores y ornamentales, asegurando el bienestar de las personas, las comunidades y el medio ambiente. Durante más de tres décadas, este estándar ha promovido buenas prácticas socioambientales en el uso eficiente del agua, la reducción de plaguicidas, la economía circular y la conservación de la biodiversidad.
El sector se distingue, además, por contar con 100 % de empleo formal y una amplia participación de mujeres, que supera el 60 % de los trabajadores, promoviendo la estabilidad económica y el bienestar de miles de familias rurales.
Hoy, con más de 9.000 hectáreas certificadas en Colombia y Ecuador y un amplio reconocimiento internacional por parte de compradores mayoristas y minoristas, Florverde ofrece a los consumidores la tranquilidad y la conciencia de adquirir flores provenientes de una fuente responsable y sostenible, consolidando a la floricultura colombiana como un ejemplo de agricultura moderna, inclusiva y respetuosa con el medio ambiente.
En los Estados Unidos, la floricultura de flores de corte se desplazó de la costa Este y de Colorado, donde se cultivaban los claveles, hacia California principalmente, en busca de mejor clima y mano de obra menos costosa.
El resultado para los consumidores americanos es que las flores dejaron de ser un producto muy costoso y, a veces, escaso en las temporadas de invierno, que incluían San Valentín, para convertirse en un ‘lujo asequible’ que con la entrada de los supermercados para vender flores, amplió el mercado y aumentó el consumo per cápita.
El crecimiento de la cadena de distribución de flores en los Estados Unidos ha generado miles de empleos, empezando por el transporte aéreo de carga y se estima que las flores generan alrededor de cuatrocientos cincuenta millones de dólares al año.
Si bien la floricultura en Colombia nació para atender el mercado de los Estados Unidos, poco a poco, gracias al espíritu emprendedor y aventurero de los floricultores, se fueron abriendo nuevos mercados.
Hoy las flores colombianas llegan a cerca de cien países. Estados Unidos, con el 80 % de participación en las exportaciones de flores, es y seguirá siendo el principal destino, fundamentalmente por ser el mayor mercado del mundo para las flores, pero también por razones logísticas. Podemos decir que este es un caso exitoso de ‘nearshoring’ y de ‘friendshoring’ que comenzó hace sesenta años.
Pocos años después un grupo de los pioneros fundó Asocolflores en 1973, con el propósito inicial de resolver los obstáculos del transporte aéreo y de tener una representación institucional ante el gobierno.

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La floricultura colombiana depende del mercado de los Estados Unidos y se hace imperativo mantener el acceso y su viabilidad como soporte a 240.000 empleos formales directos e indirectos.El 60 % de los trabajadores son mujeres y más de la mitad de ellas son cabeza de familia, reflejo del carácter socialmente inclusivo de este sector.
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Con el tiempo, a través de Asocolflores, los floricultores se fueron acercando a las organizaciones florales en Estados Unidos y se dieron cuenta de su importancia, especialmente la Society of American Florists (SAF), que este año celebró su convención número 140 en Phoenix, Arizona.
Gracias a una presencia constante en todos sus eventos, e incluso patrocinando varios de sus programas, se ha logrado construir una sólida alianza que ha sido fundamental en los momentos más críticos, como el caso antidumping, el cobro de derechos compensatorios, las renovaciones del Atpa y el Atpdea, y también el trámite y aprobación del TLC.
Adicionalmente, desde hace muchos años, a través de Asocolflores, los floricultores son parte de las juntas directivas de las organizaciones florales tanto en los Estados Unidos como en Europa, permitiéndoles incidir en las decisiones y acceder a información estratégica.
Gracias a esa alianza, no solo con la SAF sino también con la organización de los mayoristas (WF&FSA) y la de los importadores (AFIF), se logró que ellos tomaran parte activa en intensas gestiones de lobby. No hay mejor lobby que el que se hace con aliados internos. En ocasiones incluso nos apoyaron, pese a la oposición interna de los productores californianos, también afiliados a estas organizaciones.
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Las exportaciones de flores superaron los us$2.350 millones en 2024, consolidando al sector como una de las principales fuentes de ingreso no mineroenergético del país.
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Acceso a mercados sin aranceles
Entre los factores de éxito de la floricultura, el acceso a los mercados sin aranceles ha sido un objetivo prioritario. Por ello, Asocolflores ha tenido un papel muy activo en todas las negociaciones comerciales del país, actuando en forma independiente y complementaria a las gestiones del gobierno, contratando sus propias firmas de abogados durante muchos años.
Hoy en día Colombia tiene acceso libre de aranceles en todos los mercados, excepto en los países EFTA (Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia).
Como lo indiqué antes, Colombia llega con sus flores a cien países, pero los Estados Unidos representan el ochenta por ciento del total; en 2024 se exportaron cerca de $1.900 millones de dólares. (Gráfico 3).

El anuncio por parte del presidente Trump de establecer aranceles recíprocos y sancionatorios generó gran preocupación, pues podrían afectar la competitividad del sector e, inclusive, hacer inviable la actividad.
El arancel del 10 % impuesto a Colombia sin duda afecta la competitividad de una u otra manera, pues incluso si se trasladara completamente al consumidor, afectaría la competencia con otros productos como chocolates, perfumes y licores, entre otros.
Hasta ahora, el arancel se ha logrado distribuir en la cadena, desde la producción hasta el consumidor final, y cada caso es diferente, es un proceso de negociación. De todas formas, son recursos que se sustraen a la cadena y que se podrían utilizar en promoción, innovación y crecimiento. Aranceles más altos no se podrían absorber y podrían producir un proceso de marchitamiento gradual del sector.
Se debe tener en cuenta que estos aranceles llegan en un momento de preocupante revaluación del peso colombiano frente al dólar, que afecta directamente los ingresos, pues más del 95 % de la producción de este tipo de flores se exporta.
Adicionalmente, el incremento del costo laboral, subiendo el valor del salario mínimo muy por encima de la inflación, a veces el doble, para un sector intensivo en mano de obra, ha implicado una gran pérdida de competitividad frente a los países competidores.
Los costos logísticos también se han incrementado como resultado de los conflictos globales, las disrupciones en las rutas marítimas y el encarecimiento de los seguros internacionales. Todo esto ocurre en un momento en que la inflación en los países desarrollados ha modificado los patrones de consumo, exigiendo mayor eficiencia y valor agregado para mantener la demanda.
La floricultura logró superar los diez años de revaluación entre 2003 y 2013 gracias, en muy buena parte, a mejoras continuas en productividad. Sin embargo, como es sabido, los incrementos de productividad se vuelven cada vez más costosos y se obtienen en menor proporción. Esta no es una opción para compensar aranceles altos.

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El arancel del 10 % impuesto a Colombia sin duda afecta la competitividad de una u otra manera, pues incluso si se trasladara completamente al consumidor, afectaría la competencia con otros productos como chocolates, perfumes y licores.
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Por lo anteriormente expuesto, la posibilidad de nuevos aumentos de aranceles resulta muy sensible para la floricultura y, si son muy altos, podrían hacerla inviable.
Frente a los aranceles impuestos a comienzos de año y al riesgo de mayores aranceles, las reacciones iniciales, tanto de la opinión pública como de entidades del gobierno, indicaban que se podían contrarrestar diversificando mercados. Inclusive, los ministerios de comercio y agricultura convocaron reuniones para discutir esta alternativa.
En dichos espacios se analizaron ampliamente varios aspectos.
En primer lugar, no se venden flores, se venden variedades de flores. Algo desconocido para muchos es que casi la totalidad de las flores que se exportan tienen derechos de propiedad intelectual.
La floricultura, siendo un producto agrícola, se mueve con la moda. El mercado pide cada año nuevas variedades con diferentes colores, formas, texturas y tamaños. Existen muchas empresas europeas, americanas, japonesas y ahora, algunas colombianas, que se dedican solamente a producir variedades para vendérselas a los floricultores en los diferentes países. Es un trabajo de investigación y desarrollo dispendioso y complejo. Una casa productora de variedades de rosa puede, en un momento dado, hacer seis mil cruces por hibridación y, luego de cuatro o cinco años de evaluar productividades, resistencia a enfermedades y longevidad, entre otros factores, seleccionar tres o cuatro variedades para comercializar. Entonces registra sus derechos de propiedad intelectual de cada variedad y cobra por ellos a quienes quieren producirla. Lo anterior nos permite explicar que el mercado de consumo de flores es muy especializado, dependiendo de los países y los canales de distribución. Lo que se vende en un supermercado de Walmart no es lo que busca una floristería en Japón o en Alemania.
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Para preservar un comercio exterior vigoroso es necesario que los sectores público y privado trabajen en equipo, independientemente de las ideologías que se tengan y que se creen alternativas planificadas para diversificar productos y mercados
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Pensar en cambiar las variedades para acceder a mercados diferentes de los Estados Unidos resulta casi imposible, pues la mayor inversión en un cultivo de flores es precisamente ese material vegetal, que por lo general tiene un valor superior al del terreno. En el caso de las rosas, no tiene sentido económico cambiar una variedad antes de cinco o siete años.
En segundo lugar, los Estados Unidos son el mayor importador de flores del mundo y el mercado que más crece y por ser la economía más dinámica su consumo de flores está directamente relacionado con el ingreso disponible de los consumidores.
En tercer lugar, hay todo un clúster de distribución adaptado para las flores colombianas que llevaría muchos años construir en otros países.
En cuarto y último lugar, pero no menos importante, la logística de transporte aéreo.
La cercanía, por un lado, pero principalmente la frecuencia de rutas y el comercio en ambos sentidos, ya que, por lo general, salvo en las dos temporadas de San Valentín y Día de la Madre, los aviones traen carga de importación y eso permite compartir el costo.
Lo anterior demuestra que la floricultura colombiana depende del mercado de los Estados Unidos y se hace imperativo mantener el acceso y su viabilidad como soporte a 240.000 empleos formales directos e indirectos.
Hasta ahora, dadas las circunstancias y el entorno tenso de las relaciones entre los dos países, a Colombia y a los sectores que exportamos a Estados Unidos nos ha ido relativamente bien, comparándonos con otros países o con lo que habría podido suceder.
Tenemos el arancel más bajo hasta ahora, pero eso puede cambiar en cualquier momento si el escalamiento de la tensión en las relaciones diplomáticas sobrepasa el límite, que realmente no sabemos cuál es, o si no se pueden resolver los temas comerciales pendientes, denominados ‘irritantes’, en las lentas conversaciones que adelanta el Ministerio de Comercio con el USTR.
Las sólidas relaciones institucionales y, porque no decirlo, personales, que se han construido entre los dos países se han caracterizado por ser bipartidistas. Esto ha permitido que haya continuidad y fortalecimiento de las mismas. Así se explica porque, a pesar de momentos de alta tensión con mensajes muy fuertes de ambas partes, no se hayan roto las relaciones y, por el contrario, se mantenga un moderado optimismo.
En cuanto al contexto regional, las negociaciones de Chile y Ecuador, quienes fueron los primeros países de Latinoamérica que solicitaron sentarse a la mesa, avanzan y muy pronto es probable que conozcamos en qué línea van estos acuerdos y eventualmente sean un indicador de lo que, en un momento dado, podríamos lograr en el mejor de los casos.
En este momento, Colombia tiene una ventaja respecto a Ecuador en cuanto a aranceles con los Estados Unidos se refiere. Ecuador venía con aranceles sobre las flores del 6,8 % por no contar con un TLC y por no haber podido renovar las preferencias del SGP (Sistema General de Preferencias). Le impusieron un arancel del 15 % generalizado para el país, quedando las flores en 21,8 % frente al 10 % de Colombia.
Sin embargo, esa situación se podría revertir en cualquier momento, producto de las negociaciones que adelanta Ecuador, y podría quedar en 6,8 % o aún en cero. Es posible que al momento de la publicación de este artículo las condiciones ya hayan cambiado.
Colombia ha solicitado, a través del USTR, la eliminación del arancel del 10 %. A pesar de que este debe continuar siendo un objetivo, es poco probable que se logre, teniendo en cuenta que desde el inicio de su gobierno el presidente Trump anunció que, dado que la mayoría de los países han aprovechado el mercado de los Estados Unidos para crecer y beneficiarse, habría un cobro por el uso de este mercado, que sería utilizado para rebajar los impuestos de los estadounidenses. Según lo que se ha visto hasta ahora, es probable que subsista un arancel mínimo, que bien podría ser del 10 %, salvo las excepciones.
Por otro lado, Estados Unidos no cuenta con la capacidad para sustituir, en corto plazo, sus importaciones de flores por producción local. Los altos costos, la escasez de mano de obra y las condiciones climáticas lo impiden. El presidente Trump ha mencionado una posible ventana de excepciones arancelarias para productos agrícolas que no se producen allí. Esta sigue siendo una posibilidad para las flores y otros bienes y esperamos poderla concretar.
Se ha criticado mucho el TLC de Colombia con los Estados Unidos. Si algo hay que criticar, es precisamente no haberlo aprovechado. Se han perdido infinidad de oportunidades que, de haber tenido un verdadero propósito y un plan para enfocarnos en algunos productos promisorios y no pretender hacer de todo, muy seguramente hoy tendríamos varias historias de éxito. Aún estamos a tiempo si nos lo proponemos.
La floricultura colombiana surgió de una alianza improbable y creció superando adversidades. Hoy, seis décadas después, sigue siendo un símbolo de resiliencia nacional. En medio de un entorno global cambiante este sector ha demostrado que la competitividad se construye con visión de largo plazo, innovación constante y compromiso social. Las tensiones del comercio internacional nos recuerdan la necesidad de mantener una voz unida y estratégica, capaz de anticipar riesgos y convertir los desafíos en oportunidades.
Por lo pronto, seguiremos enviando flores para el mundo, generando miles de empleos formales y bienestar para las comunidades de su entorno.EC
[1] Asocolflores. (2015, septiembre). Colombian Grown: The dazzling magic of Colombian flowers (5th ed.). Diseño Editorial Libros y Revistas.
Referencias Bibliográficas
- Asocolflores. (2015, septiembre). Colombian grown: The dazzling magic of Colombian flowers (5th ed.). Diseño Editorial Libros y Revistas.
- Conlon, M. (2015, 6 de febrero). The History of the Colombian Flower Industry and Its Influence on the United States. USDA Foreign Agricultural Service (FAS), Global Agricultural Information Network (GAIN), Bogotá, Colombia.
- Influence on the United States. https://apps.fas.usda.gov/newgainapi/api/Report/DownloadReportByFileName?fileName=The%20 Colombian%20flower%20industry%20and%20its%20partnership%20with%20the%20U.S._Bogota_Colombia_2-6-2015
- La Rota, R. (2023, septiembre). Colombia floreciendo: 50 años de floricultura colombiana, 1973–2023. Propagar Plantas S.A.S.
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