DIVERSIFICAR O REZAGARSE

MARÍA CLAUDIA LACOUTURE

presidenta ejecutiva de la cámara de comercio Colombo-americana (AMCHAN COLOMBIA)

Diciembre 2025, Edición 378.

El entorno global impone nuevos retos: tensiones comerciales, proteccionismo y volatilidad fiscal. Para Colombia, la respuesta está en la diversificación productiva, la innovación y la sostenibilidad. Convertir la incertidumbre en oportunidad exige estabilidad política, infraestructura eficiente y una relación estratégica con Estados Unidos que impulse inversión y empleo.

CUANDO OBSERVAMOS EL PANORAMA GLOBAL ACTUAL no hay duda de que estamos viviendo una desaceleración del crecimiento global, múltiples disputas comerciales, altibajos arancelarios, reformas proteccionistas, tensiones geopolíticas. Estas dinámicas, que al principio podrían parecer distantes o ajenas para los colombianos, tienen y tendrán un impacto profundo sobre nuestro país.

La pregunta es ¿cómo podemos convertir estos desafíos globales en una oportunidad que beneficie al país? La respuesta no está en esperar que el entorno internacional cambie, sino en adaptarnos y actuar con estrategia para garantizar un futuro próspero.

El mundo atraviesa un periodo de incertidumbre económica sin precedentes, con fluctuaciones en el crecimiento global que han afectado a todas las economías. Según el Fondo Monetario Internacional, la economía mundial creció un 3,3 % en 2024, pero las proyecciones para 2025 y 2026 indican un debilitamiento, con estimaciones de 3,2 % y 3,1 %, respectivamente. En América Latina y el Caribe, el crecimiento fue del 2,4 % en 2024 y se espera que se mantenga sin variaciones en 2025, aunque se proyecta una caída a 2,3 % en 2026.

Uno de los factores que más ha contribuido a la incertidumbre económica es el aumento de las tensiones comerciales entre grandes economías, especialmente entre Estados Unidos y China. Las políticas proteccionistas implementadas por la administración Trump han ocasionado una reconfiguración del comercio global. Las barreras arancelarias y las disputas comerciales entre grandes potencias no solo están afectando las relaciones entre estos países, sino que también han propiciado un efecto dominó sobre economías más pequeñas como la colombiana.

Aunque estas políticas buscan proteger los intereses económicos de Estados Unidos, el impacto en el comercio global es evidente. Las tensiones comerciales incrementan la volatilidad de los mercados y generan incertidumbre en los precios de productos e insumos, lo que se traduce en costos adicionales para las empresas colombianas que puede afectar la rentabilidad y la capacidad de exportación del país, ya que estas barreras comerciales representan un desafío significativo en términos de competitividad.

Las disputas comerciales, la inflación global, las restricciones logísticas y el fin de los estímulos macroeconómicos post-pandemia implican un reto mayor. Para Colombia significa que la demanda de productos tradicionales (petróleo, carbón, café, minerales) y de muchos productos no tradicionales disminuye o se vuelve muy volátil. En 2023, por ejemplo, Colombia exportó casi lo mismo en toneladas métricas que en 2022, pero el valor exportado (en dólares) cayó porque los precios internacionales bajaron. Eso golpea directamente el ingreso por exportaciones, lo cual a su vez afecta la capacidad de ahorrar, de invertir, de financiar importaciones y de mantener un tipo de cambio estable.

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Colombia tiene ciertas ventajas como sus recursos naturales, la posición geográfica, algunos tratados de libre comercio, industrias que ya exportan con buenos estándares. lo importante es diseñar estrategias para adaptarse al nuevo contexto.

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Más allá de la coyuntura

Hay un hecho indiscutible y es que Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Colombia. En 2024, el mercado estadounidense recibió el 29 % de las exportaciones colombianas. Entre enero y agosto de 2025, ha significado el 30,3 % de las ventas nacionales, alcanzando los 9.800 millones de dólares, un volumen que equivale a alrededor del 6 % del Producto Interno Bruto del país. A pesar de las políticas proteccionistas y de las tensiones políticas entre la administración Trump y la de Petro, este vínculo sigue siendo el más fuerte y estable para Colombia en el comercio internacional.

El valor de las exportaciones a Estados Unidos continúa creciendo, incluso en medio de la incertidumbre global y las tensiones diplomáticas (y esperamos que siga así y que los meses que le restan al presidente colombiano no signifiquen mayores retrocesos), lo cual subraya la fortaleza de esta relación en su estructura institucional, aunque vulnerable a las escaramuzas políticas e ideológicas.

Este intercambio comercial va mucho más allá de los simples números. Estados Unidos no solo es el principal destino de nuestras exportaciones, sino también la fuente más importante de inversión extranjera directa (IED). En 2024 ese país representó el 39 % de la IED que llegó a Colombia, con una inversión superior a los 5.500 millones de dólares. En el primer semestre de 2025, ha consolidado el 34 % del total recibido. Estas inversiones se dirigen a sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones, la infraestructura y la manufactura.

A lo largo de los años, esta relación ha contribuido al crecimiento de sectores clave que han creado miles de empleos e impulsado la modernización de la infraestructura nacional.

Los flujos estadounidenses han sido responsables de la creación de alrededor de 130.000 empleos directos e indirectos en Colombia, lo que demuestra el impacto tangible y positivo de este vínculo en la economía nacional.

Sin embargo, las cifras del comercio exterior muestran cómo las tensiones globales están pasando factura. Entre 2023 y 2024, las exportaciones de petróleo colombiano cayeron un 12 %, las de carbón un 5 %, y las del café un 3 %. Solo los sectores de manufacturas y servicios mostraron un leve crecimiento. Este panorama deja ver dos cosas: primero, que la dependencia de productos básicos sigue siendo un talón de Aquiles; y segundo, que los sectores con mayor valor agregado (manufacturas y servicios) tienen más capacidad para resistir las turbulencias externas.

Variaciones arancelarias y guerra comercial

El Tratado de Libre Comercio, además de haber facilitado la eliminación de barreras para productos colombianos, dándonos acceso preferencial a uno de los mercados más grandes y estables del mundo, actúa como un ancla, ya que, gracias al acuerdo, Colombia tiene la oportunidad de negociar la eliminación de los aranceles recíprocos en productos específicos y, además, se nos concedió el nivel más bajo de aranceles.

El TLC de Colombia con el país norteamericano, la cercanía geográfica, la estabilidad del sistema financiero y el talento joven, son ventajas que muchos otros países no tienen. Sin embargo, esas oportunidades requieren reglas claras, incentivos fiscales razonables y una política industrial moderna.

Sin embargo, los cambios arancelarios que se han venido sucediendo a nivel global, producen nuevos obstáculos en la ruta para exportar. Los países en este mundo globalizado ya no juegan solo con reglas estándares de importaciones o exportaciones. Hay políticas que protegen las industrias nacionales, nuevos aranceles, restricciones, represalias. Todo eso hace que exportar sea más riesgoso y caro. Por ejemplo, las medidas arancelarias de Estados Unidos que imponen tarifas adicionales a productos de ciertos países o políticas de subsidio para productores nacionales cambian los precios relativos. Sin embargo, Colombia, a octubre de 2025 conserva varias ventajas arancelarias frente a competidores en sectores como flores, café, materiales eléctricos, plásticos y textiles.

La tensión entre los presidentes, ligada a los resultados que Estados Unidos espera de Colombia en la lucha contra el narcotráfico, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de aranceles adicionales, que si bien eran previsibles, también eran evitables mediante la búsqueda de un consenso entre los dos gobiernos para avanzar en una hoja de ruta conjunta para enfrentar el flagelo de las drogas que al final es el enemigo común. Al momento del cierre de este artículo (octubre 2025) esto no se había producido. Un aumento de aranceles a los productos colombianos afectaría la competitividad del país y pondría en riesgo cerca de cinco millones de empleos directos e indirectos que dependen del comercio con Estados Unidos.

Otro tema es el costo de los insumos importados. Si un país dispone una barrera arancelaria para insumos o materias primas que Colombia importa, eso eleva los costos internos. Las industrias manufactureras, industriales, agroindustria, todo lo que depende de insumos externos, sienten el golpe. Esa subida en los costos puede traducirse en inflación interna o menor competitividad de los productos nacionales, tanto para el mercado interno como para el externo.

Reconfiguración de las cadenas globales de valor

Una de las consecuencias de las tensiones comerciales es que muchas empresas en EE. UU., Europa y Asia están replanteando sus cadenas de producción: lógicamente estarán buscando proximidad (nearshoring), diversificar proveedores para reducir riesgos, traer insumos desde países más cercanos o incluso relocalizar fábricas. Eso puede ser una oportunidad para Colombia si somos capaces de adaptarnos, pero también un reto fuerte.

Desde este punto de vista, Colombia puede ser mirada como opción de proveedor alternativo si se combina buena calidad, costos competitivos, estabilidad jurídica, infraestructura eficiente y tarifas razonables. La competencia creciente de países con costos más bajos o con políticas más agresivas de incentivos representa un desafío que nuestro país debe afrontar con determinación. Surge entonces la necesidad de invertir en infraestructura logística, transporte, aduanas, para reducir los tiempos y costos de exportar o importar.

En este contexto de reconfiguración, las cadenas de valor juegan un papel crucial. Las tensiones comerciales han impulsado la necesidad de reestructurar las cadenas de suministro y en este proceso Colombia tiene un espacio para posicionarse como un actor estratégico en sectores clave, como en los de la manufactura, la energía renovable y los productos agroindustriales de alta calidad que pueden ser campos en los que nuestro país puede convertirse en un socio de confianza para grandes economías, especialmente para Estados Unidos. En lugar de enfrentarse a la reconfiguración de las cadenas de valor como una amenaza, deberíamos verla como una oportunidad para potencializar la diversificación de la oferta exportable y ser parte activa de una nueva dinámica global.

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Un aumento de aranceles a los productos colombianos afectaría la competitividad del país y pondría en riesgo cerca de cinco millones de empleos directos e indirectos que dependen del comercio con Estados Unidos.

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Efectos sobre los precios de importación

Cuando los países, dentro de sus políticas de comercio bajan las barreras comerciales para exportar, eso puede ayudar a mantener el nivel de importaciones más o menos estable, pero cuando se imponen aranceles o hay restricciones, los importados se encarecen. Para Colombia, muchos bienes esenciales como tecnología, bienes de capital, repuestos, máquinas, insumos agrícolas, medicinas, partes industriales vienen de afuera. Si esos insumos se encarecen, la industria nacional tiene que asumir mayores costos o trasladar el aumento al consumidor final, elevando la inflación. Por consiguiente, los productos terminados exportables se vuelven menos competitivos si los costos locales suben y no se puede trasladar todo el costo al precio exportado.

Esto trae como consecuencia que, en casos extremos, algunas industrias pueden dejar de operar por ser insostenibles, o perder competitividad frente a productos similares importados de países que no tienen esas barreras. Se ha visto que las importaciones de ciertos bienes han retrocedido, lo que indica que los precios, los aranceles, los costos logísticos están pesando de manera significativa en los precios de los productos importados.

Exportaciones en riesgo

El otro lado de la moneda son las exportaciones. Colombia no solo exporta bienes tradicionales (petróleo, carbón, café, productos agrícolas) sino también productos no tradicionales (manufacturas, plásticos, textiles, flores, etc.). La desaceleración global está afectando particularmente al sector tradicional, que depende mucho de los precios internacionales y de la demanda externa, pero que como el petróleo y el oro no fueron afectados por el arancel, quedaron exentos.En agosto de 2024, las exportaciones totales mostraron una caída del 2,5 %, con el sector tradicional como el más golpeado (–8,6 %) y las exportaciones no tradicionales también experimentaron reducción. La importancia de productos básicos en los ingresos nacionales hace que cualquier bajón en los precios internacionales se sienta mucho en el presupuesto del país. Cuando los precios del petróleo, carbón o minerales bajan no solo pierden los productores, pierde el Estado, pues sus ingresos fiscales asociados decaen, al igual que las regalías, las exportaciones, etc. Esa volatilidad en los ingresos de productos básicos complica la planificación estatal, la inversión pública, el mantenimiento de programas sociales y el manejo de la deuda.

Pero por el otro lado, vemos que productos no tradicionales, aumentan sus exportaciones, y hoy estos han aumentado su participación en el mercado de Estados Unidos. La cuota de los cinco principales productos baja de 84 % a 63 %. En pocas palabras: menos dependencia de pocos productos básicos y más canasta de valor agregado y agro. Además del avance de los productos líderes, vienen avanzando más de mil subpartidas no minero-energéticas que no participaban en 2012 y hoy suman 12,7 % del total 2024.

Estabilidad fiscal: el gran reto

Colombia, como muchos países emergentes, tiene un sistema fiscal que se apoya en gran medida en impuestos asociados al comercio exterior (exportaciones, importaciones, aranceles, etc.) y en productos básicos que pagan regalías, licencias, etc. Cuando esos ingresos caen (precio o volumen), aparecen varios problemas, porque el déficit fiscal aumenta, se cobran menos impuestos, se ingresan menos regalías, mientras los compromisos de gasto siguen inalterables. Eso obliga al Estado a endeudarse más y en un mundo donde los mercados internacionales están más nerviosos (y los rendimientos exigidos más altos), endeudarse cuesta caro.

Se proyecta que el déficit fiscal colombiano esté en niveles elevados para 2025 y 2026. Para solventar ese aumento del déficit fiscal, se autorizaron mayores emisiones de deuda interna y externa con el fin de cubrir la caída de ingresos, lo que podría afectar la credibilidad y aumentar los costos financieros. Esta situación genera una presión sobre el gasto público y en momentos de incertidumbre externa conviene que el Estado tenga flexibilidad para ajustar presupuestos, apoyar sectores afectados, etc. No obstante, cuando los ingresos fiscales caen, esa flexibilidad se reduce y los recortes pueden ser dolorosos (salud, educación, infraestructura, subsidios).

De otra parte, si las importaciones clave se encarecen, habrá presión inflacionaria y si, además, por esta situación nuestra moneda se devalúa, importar se vuelve más caro, encadenando efectos inflacionarios internos que afectan el consumo, el poder adquisitivo y la estabilidad social.

También existe un riesgo de financiamiento externo más caro porque los inversionistas internacionales prestan atención al déficit fiscal, a la deuda, a la credibilidad, y al riesgo-país. En Colombia, si empeoran las condiciones externas (aranceles, barreras, menor flujo de comercio) se podrían desencadenar mayores tasas de endeudamiento o peores condiciones de estas.

Con una mirada optimista, no todo está perdido. Colombia tiene ciertas ventajas como lo son sus recursos naturales, la posición geográfica, algunos tratados de libre comercio, industrias que ya exportan con buenos estándares. Lo importante es diseñar estrategias para adaptarse al nuevo contexto.

Ajustar las velas y recuperar el rumbo nacional

Los retos no solo provienen del exterior. En el ámbito nacional, Colombia afronta desafíos que van más allá de las tensiones internacionales. El país está pasando por una coyuntura política y económica interna que, en ocasiones, parece contradecir el deseo colectivo de avanzar hacia un futuro de prosperidad. La falta de consenso y escucha activa ha limitado las posibilidades de crecimiento sostenible y es que, si no se toman decisiones estratégicas, corremos el riesgo de perder el impulso necesario para aprovechar las oportunidades que el contexto internacional nos ofrece. La incertidumbre interna añade una capa de complejidad a una situación ya de por sí difícil.

Por eso es imperativo recuperar el rumbo. A pesar de las tensiones y los obstáculos, Colombia cuenta con las herramientas necesarias para ser un jugador clave en la economía global. Pero esto requiere de una acción decisiva y enfocada en tres áreas esenciales: diversificación económica, innovación y sostenibilidad.

Si logramos diversificar nuestra economía, no solo ampliando mercados, sino también apostando por sectores con alto potencial de valor agregado podremos garantizar un crecimiento sostenible. La diversificación, sumada a una política pública sensata, coherente y pragmática, nos permitirá hacer frente a la volatilidad global y reducir nuestra dependencia de los productos básicos.

La innovación será clave en este proceso. El mundo ha cambiado y aquellos países que apuesten por la transformación digital y la adopción de nuevas tecnologías serán los que lideren la economía del futuro. En Colombia, hay un gran potencial para impulsar la tecnología en sectores clave, desde la manufactura hasta la agricultura. Impulsar la innovación será fundamental para que nuestras empresas sean competitivas a nivel global, especialmente las Pymes que son el corazón de la economía nacional.

Desde la producción agrícola hasta las energías renovables, Colombia tiene una ventaja natural en este campo. Integrar la sostenibilidad en nuestra oferta exportable contribuirá a la preservación del planeta y también abrirá nuevas puertas a mercados internacionales que priorizan productos respetuosos con el medio ambiente.

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Estados Unidos representó, en 2024, el 39 % de la inversión extranjera directa que llegó a colombia, con un valor superior a los 5.500 millones de dólares.

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La sostenibilidad será un aspecto esencial para Colombia porque la creciente demanda global por productos responsables y ecosostenibles constituyen una oportunidad para posicionarnos como un país líder en exportaciones sostenibles.

En este proceso de transformación, la estabilidad política y económica es crucial ya que la confianza en algunas de las instituciones colombianas ha sido históricamente una de nuestras debilidades, aunque asimismo es la base sobre la que se puede construir un futuro próspero. La implementación de reformas estructurales que realmente favorezcan la inversión y la competitividad es esencial para colocar a Colombia en una posición de liderazgo en América Latina.

El momento de actuar es ahora. Colombia tiene todo el potencial para convertirse en un líder regional si aprovecha las oportunidades que ofrece este entorno de cambio. Fortalecer nuestra relación con Estados Unidos, diversificar nuestra economía, apostar por la innovación y abrazar la sostenibilidad son los pilares sobre los que debemos construir nuestro futuro económico. La estabilidad política y la competitividad serán fundamentales y para ello necesitamos políticas estructurales que fomenten la inversión y el crecimiento.

A pesar de los retos internacionales, Colombia tiene las herramientas necesarias para salir adelante.

El país debe realizar una diversificación de mercados y productos, no depender solo de petróleo, carbón o unos cuantos productos agrícolas. Se debe apostar por productos manufacturados, agroindustria transformada, bienes con mayor valor agregado. Igualmente, se debe mejorar la eficiencia logística y los costos internos como puertos, carreteras, aduanas, transporte interno. Si exportar o importar cuesta mucho, gran parte de la ventaja arancelaria se pierde en transporte, demoras, burocracia.

Adicionalmente, Colombia debe establecer políticas arancelarias estratégicas, negociar acuerdos, proteger ciertos insumos críticos, evitar aranceles regresivos que afecten la producción nacional. Se deben aprovechar ventajas arancelarias existentes, y asegurarse de que los exportadores cumplan con estándares (calidad, ambientales, sanitarios) para acceder a mercados difíciles. Por supuesto, se debe brindar estabilidad jurídica y regulatoria para atraer inversión en sectores exportadores o de cadenas globales. Si las reglas se cambian mucho, la gente duda y prefiere irse a lugares con menos riesgo.

También se deben tener planes fiscales prudentes: preparar presupuestos con escenarios conservadores (precios bajos de productos básicos, menor crecimiento externo), reservas fiscales, mecanismos para amortiguar choques. Es clave poder endeudarse, pero de forma sostenible.

La Colombia de hoy se está enfrentando a un mundo que ya no se mueve tan rápido, ni tan libremente. Las tensiones comerciales, los nuevos aranceles, las disputas entre grandes potencias, la desaceleración global, la reconfiguración de cadenas de valor son factores que van en contra de una economía con dependencia de exportaciones de productos básicos y con importaciones necesarias para sus industrias. El impacto ya se está sintiendo en los precios de las compras internacionales, en los ingresos por exportaciones, en los márgenes de algunas industrias, en la inflación, en el déficit fiscal. Sin embargo, aún hay espacio para adaptarse. Colombia puede ganar si hace bien las tareas de diversificar, invertir en logística, valor agregado, estabilidad regulatoria y buen manejo fiscal.

Al final, no se trata solo de sobrevivir al vendaval, sino de salir fortalecidos de la crisis global, porque los choques externos van a seguir existiendo y lo que cuenta es cómo nos preparamos para ello. Y mientras más rápido lo hagamos, tendremos más capacidad de asimilar los golpes y las adversidades.

El reto es pasar de ser simples exportadores de materias primas a ser productores de conocimiento, innovación y bienes de mayor valor. Ese es el verdadero camino para blindar nuestra economía frente a las tormentas del comercio internacional. EC

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