DÉFICIT ESTRUCTURAL EXTERNO

JUAN PABLO RADZIUNAS PULIDO

contraloría delegada para la econo,ía y finanzas

Diciembre 2025, Edición 378.

El sector externo colombiano sigue marcado por la dependencia mineroenergética, el bajo nivel de apertura y el déficit crónico en cuenta corriente. La falta de diversificación productiva, la escasa industrialización y la volatilidad cambiaria exponen la vulnerabilidad de una economía que aún no logra equilibrar su balanza externa ni aprovechar las bonanzas.

COLOMBIA ES UNA ECONOMÍA PEQUEÑA Y ABIERTA, cuyo ahorro interno no es suficiente para financiar la inversion, por lo cual requiere insertarse al mercado mundial para conseguir recursos que le permitan financiar tal desequilibrio. Una economia pequena y abierta significa que el pais no puede influir sobre los precios internacionales y, por tanto, tiende a especializarse en aquellos productos en los que tiene ventajas comparativas, ante la falta de politicas agricolas e industriales que le permitan avanzar en el grado de desarrollo economico de su estructura productiva.

Desde fines de los anos noventa del siglo XX, inicio en Colombia el denominado proceso de apertura economica. Con esta estrategia se pretendia profundizar la insercion del pais en el mercado mundial, dentro de un modelo de libre mercado, y convertir al sector externo en uno de los principales promotores del crecimiento economico. Sin embargo, el resultado no fue el esperado. La apertura afecto principalmente al sector agricola y no logro corregir los problemas estructurales del sector externo.

En efecto, durante las decadas recientes, el sector externo colombiano se ha caracterizado por un continuo deficit en la cuenta corriente, la concentracion de sus exportaciones en productos minero-energeticos, la ausencia de diversificacion de la canasta exportadora, la volatilidad del peso colombiano dentro de un esquema de tasas de cambio flexible, la dependencia de los precios de las materias primas y la falta de nuevos mercados, entre otros.

Colombia no ha mejorado su nivel de apertura económica[2]

Colombia registra niveles discretos de apertura economica. Como se observa en el grafico 1, el pais esta por debajo de los promedios de America Latina, Europa, la Ocde y el promedio mundial. Durante la decada de los ochenta, el grado de apertura fue en promedio de 28 % mostrando una fuerte reduccion en el primer quinquenio de la decada, como resultado del fin de la bonanza cafetera y el estancamiento de las exportaciones no tradicionales.

Desde fines de los ochenta y comienzos de los noventa, el pais inicio, de manera abrupta, un proceso de apertura economica, profundizado durante el Gobierno del presidente Cesar Gaviria. Este proceso incluyo reformas como la reduccion de aranceles a las importaciones, ajustes del gasto publico, politica monetaria como estabilizador de la inflacion y el crecimiento economico y cambios en el mercado financiero y laboral, entre otros.

En la década de los 90, el indicador de apertura se incrementó a 35 %, hasta que se produce la recesión de 1999. Este promedio se mantuvo durante los 20 primeros años del siglo XXI y solamente desde 2021 se ha incrementado al 40 %.

Con relación a América Latina, a partir de inicios del siglo XXI se ha venido ampliando la brecha de apertura en detrimento del sector externo colombiano. En general, la mayor parte de los incrementos en el nivel de apertura han estado relacionados más con aumentos en las importaciones que de las exportaciones, en consonancia con el continuo déficit comercial. Varias barreras institucionales han contribuido a los discretos niveles de apertura: la falta de acceso a mercados, la disponibilidad de una infraestructura más eficiente y las barreras no arancelarias, entre otros.

Existen países como China o Brasil cuyo grado de apertura apenas supera el 30 %, lo que es un ejemplo de que este indicador debe observarse con cautela y combinarse con el tamaño del PIB y la población del país.

  • Existen en Colombia retos pendientes relacionados con la diversificación de la estructura productiva y la canasta exportadora, ausencia de dinamismo de las exportaciones no tradicionales y sesgos hacia la primarización de la economía colombiana.

En Colombia existe una fuerte segmentación de las exportaciones con un sesgo hacia el sector primario (minero-energético y en menor medida agrícola), con bajo valor agregado intensivos en el uso de mano de obra, mientras que las importaciones se concentran en productos del sector secundario (manufacturas).

En el período reciente, las exportaciones de bienes tradicionales (café, petróleo carbón y ferroníquel) han venido perdiendo participación en el total, mientras que las no tradicionales han ganado importancia. En el año 2000 las ventas externas no tradicionales representaban el 53 %, porcentaje que ascendió hasta el 71 % en 2010, liderados por el petróleo y aprovechando los precios internacionales favorables.

Debe recordarse que en la mayor parte de las dos primeras décadas del siglo XXI (2003- 2012) se produjo la denominada ‘enfermedad holandesa˙ que significó un exceso de inversión extranjera en el sector minero energético, que unido a los elevados precios internacionales de las materias primas, provocó una fuerte apreciación de la moneda local induciendo la desindustrialización en otros sectores, lo cual redujo sustancialmente las exportaciones no minero energéticas.

Posteriormente, la participación comenzó a reducirse, en lo que tuvo mucho que ver la caída de los precios del petróleo desde fines de 2014 hasta 2018. En los últimos 3 años se han venido reduciendo las exportaciones de petróleo, carbón y ferroníquel siguiendo los lineamientos del proceso de transición energética.

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En el año 2000 las ventas externas no tradicionales representaban el 53 %, porcentaje que ascendió hasta el 71 % en 2010, liderados por el petróleo.

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Dejando por fuera el período 2003–2012, la participación de las exportaciones no tradicionales se mantiene alrededor del 55 % en promedio, lo que permite confirmar la idea de una escasa diversificación del aparato productivo.

  • El país ha sufrido de forma continua desequilibrios en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

En la historia económica reciente, Colombia ha mostrado un continuo déficit en cuenta corriente. Como se observa en el gráfico 3, entre 2005 y 2013 el déficit está explicado por el desequilibrio en la cuenta de renta de factores (ingreso primario); entre 2014 y 2021 por el déficit comercial; y desde 2022 hasta hoy nuevamente por el déficit primario. El déficit en cuenta corriente de los dos últimos años se mantiene por debajo de los niveles registrados en la década previa a la pandemia. (Gráfico 3). El ajuste reciente obedece a incrementos en las remesas y menores egresos en la cuenta de renta de factores.

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Desde el punto de vista de la ortodoxia dominante, frente a la libre movilidad de capitales, los flujos especulativos vuelven muy vulnerable la economía internamente, lo que obliga a las autoridades económicas a imponer políticas fiscales y monetarias contractivas.

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Como se describe en el gráfico 4, los mayores ingresos de inversión extranjera dirigida al sector minero-energético implicaron elevadas salidas de utilidades por dicha inversión, lo que explica el déficit de cuenta corriente entre 2002 y 2012. Durante ese período las exportaciones de petróleo alcanzaron una participación promedio cercana al 30 % del total de bienes.

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A partir de comienzos de 2009 y hasta mediados de 2014, los precios internacionales del petróleo se elevaron fuertemente, alcanzando promedios cercanos a los US$ 110 por barril Brent, lo que contribuyó a que el déficit comercial se redujera. En 2015, el déficit creció significativamente debido a la caída del precio del petróleo y del 33 % en las exportaciones, principalmente de petróleo y una disminución menor en las importaciones.

En el 2017 se evidenció una reducción en el déficit de la balanza comercial de 44,3 % motivado por un incremento en las exportaciones, principalmente por el petróleo, que evidenció una recuperación en comparación con el 2015 y el 2016, tanto en precios como en cantidades. Adicionalmente, la estabilidad en la tasa de cambio ayudó al resultado favorable.

En 2018 se profundizó el déficit, explicado por mayores importaciones de bienes intermedios, en consonancia con el proceso de recuperación de la actividad económica. Al año siguiente el déficit se elevó hasta un 53 %, debido a mayores importaciones que impulsaron la inversión en bienes de capital y de consumo. Al llegar la pandemia la desaceleración del comercio mundial y la necesidad de importar productos del sector salud, empeoró el desequilibrio comercial. (Gráfico 3).

  • Recientemente, otros ingresos de divisas se han convertido en un mecanismo de compensación frente al desequilibrio externo. Sin embargo, esta fuente de divisas no es permanente ni estable.

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El ascendente proceso de emigración de colombianos al exterior de los años recientes han sido el elemento fundamental para el comportamiento de las transferencias corrientes, sobre todo desde 2021.

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Las transferencias corrientes, compuestas fundamentalmente por las remesas desde el exterior, se han convertido en el principal componente de la cuenta corriente que compensa el déficit de la balanza comercial y la renta factorial. (Gráfico 5). El ascendente proceso de emigración de colombianos al exterior de los años recientes han sido el elemento fundamental para este comportamiento, sobre todo desde 2021.

La estabilidad de las economías de Estados Unidos y España han dinamizado este proceso. El boom de las remesas también ha contribuido a menores presiones sobre la tasa de cambio y han permitido mantener una buena dinámica en el consumo interno, que ha sido el principal componente de la demanda agregada en los años recientes.

En 2023 las remesas representaron el 3,6 % del ingreso disponible y el 3,9 % del consumo de los hogares. Adicionalmente, se ha evidenciado un incremento del número de personas que están recibiendo remesas en Colombia: de menos de un millón de personas en 2016, esta cifra se incrementó a 2.1 millones de colombianos en junio de 2024.

  • La tasa de cambio, como variable de ajuste del modelo económico vigente, presenta fuertes oscilaciones lo que genera riesgos macroeconómicos.

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Los principales determinantes de la tasa de cambio en Colombia han sido la volatilidad de los precios del petróleo, los movimientos de la política monetaria por parte del banco central de estados unidos y los choques externos.

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Colombia cuenta con un mercado de dinero de estructura oligopólica y altamente especulativo. Bajo el sistema de tipos de cambio flexibles con flotación limpia, donde el libre juego de oferta y demanda determinan el precio de las divisas, no existe un margen de maniobra muy amplio para que las autoridades monetarias puedan intervenir el mercado cambiario. Desde el punto de vista de la ortodoxia dominante, frente a la libre movilidad de capitales, los flujos especulativos vuelven muy vulnerable la economía internamente, lo que obliga a las autoridades económicas a imponer políticas fiscales y monetarias contractivas.

Ante estos fenómenos dichas posturas teóricas proponen reducir el déficit fiscal e incrementar el ahorro interno restándole maniobrabilidad al gasto público como determinante de la demanda agregada, evitando presiones inflacionarias, lo que intenta reducir la entrada de capitales del exterior, vía reducciones de las tasas de interés internas.

En dicho modelo, el peso colombiano, como cualquier moneda de un país emergente con una economía pequeña y abierta está sujeto a una extrema volatilidad. Desde 1999, cuando el país abandonó el sistema de bandas cambiarias y adoptó el sistema de cambio flexible, la moneda local ha sufrido ciclos alternos de apreciación y depreciación.

En el esquema neoliberal vigente, en el cual los pilares económicos son el sistema de tipos de cambio flexible, el esquema de inflación objetivo (regla monetaria), la regla fiscal, el PIB potencial y la tasa natural de desempleo, el tipo de cambio es la variable que recibe el impacto de los choques externos. En ese sentido, una economía como la colombiana, con escasa diversificación de las exportaciones y sujeta al vaivén de los precios internacionales de las materias primas queda atada a grandes oscilaciones de la tasa de cambio.

En general, durante el siglo XX los principales determinantes de la tasa de cambio en Colombia han sido la volatilidad de los precios de las materias primas (principalmente el petróleo), los movimientos de la política monetaria por parte del banco central de Estados Unidos (Federal Reserve) y los choques externos (crisis subprime 2009, pandemia covid 2020).

Como se observa en el gráfico 6, el índice de la tasa de cambio real[3] en la mayor parte de los últimos 15 años muestra una tendencia a la depreciación del peso colombiano. Salvo la acentuada apreciación durante la época de la ‘enfermedad holandesa’ (2003-2011) y lo ocurrido en 2023 por causa de la debilidad mundial del dólar y la recuperación de la cuenta corriente, los demás años evidencian una depreciación del peso, acelerado desde el momento del estallido de la pandemia en 2020, que coincide con una fuerte caída del precio internacional del petróleo.

En la primera fase de apreciación, a comienzos de siglo, el punto máximo del precio del dólar se alcanzó en marzo de 2003, cuando el promedio mensual se ubicó en $ 2.959.01 y a partir de allí comenzó una tendencia decreciente. El nivel mínimo registrado por la TRM se presentó en mayo de 2008, alcanzando $1.712,28. Esto significó una tasa de revaluación del 40 % durante el período marzo 2003 a enero 2013. Entre mediados del año 2014 y comienzos de 2015 el precio del petróleo se redujo más de un 60 % y el peso se depreció fuertemente. A partir de allí se acentuó la depreciación, incluyendo la fuerte caída de los precios del petróleo al inicio de la pandemia. Desde el punto de vista externo, es lógico que los períodos de apreciación de monedas emergentes vayan acompañados de procesos de debilidad del dólar. (Gráfico 7).

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Los países de la Aladi, que en 2004 representaban el 43 % de las exportaciones colombianas han venido bajando su participación y en 2024 sólo alcanzaban el 28 %.

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Otro elemento determinante del precio del dólar en Colombia es el diferencial de tasas de interés que afecta, principalmente, la inversión de portafolio. En el gráfico 8, se compara la rentabilidad de los Treasury Bills[4] y los TES B[5]. Allí se observa que los períodos de mayor diferencial de tasas están relacionados con depreciaciones más altas del peso colombiano frente al dólar. En la medida en que el diferencial es más alto entran capitales del exterior y aprecian la moneda local.

  • Colombia no ha logrado ampliar el número de países destino de las exportaciones.

Los países de destino de las exportaciones colombianas no han cambiado sustancialmente a lo largo del siglo. El principal socio comercial de Colombia y que ha mantenido su participación a lo largo del siglo es Estados Unidos, cuyas compras equivalen al 29 % de las ventas externas colombianas. Los países de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi)[6] que en 2004 representaban el 43 % de las exportaciones colombianas han venido bajando su participación y en 2024 sólo alcanzaban el 28 %. Este comportamiento obedece fundamentalmente a la fuerte caída de las ventas externas a Venezuela.

En los años recientes, China ha logrado posicionarse como un destino importante de las exportaciones minero-energéticas alcanzando entre el 4 % y el 10 % desde 2015.

  • Los mecanismos de financiación del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos son volátiles y presentan riesgos potenciales

 

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Los déficits recurrentes en la cuenta corriente, generados por el déficit en la balanza comercial y la de ingreso primario (cuenta de renta de factores) seguirán siendo una característica central del sector externo colombiano.

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Cuando el ahorro interno es insuficiente o cuando un país importa más de lo que produce internamente es necesario absorber ahorro externo, en forma de inversión extranjera o deuda externa

En los últimos 15 años la principal fuente de financiamiento del déficit en cuenta corriente, según la cuenta financiera de la balanza de pagos, ha sido la inversión extranjera directa, salvo dos períodos (2008–2009) por la crisis subprime y (2020-2021) por la pandemia (Gráfico 10). En estos períodos, la inversión del portafolio y la deuda externa han sido las fuentes de financiación.

La inversión extranjera tiene como contrapeso la salida de utilidades que anualmente afecta los egresos de la cuenta de renta de factores de la balanza de pagos. De otro lado, la deuda tiene costos elevados en escenarios de altas tasas de interés, y la inversión de portafolio, por ser de características cortoplacistas, acentúa la volatilidad de la tasa de cambio; ambas incrementan la volatilidad externa.

  • Reflexiones finales y retos al futuro del sector externo colombiano.

Colombia es una pequeña economía abierta, que sigue mostrando un bajo nivel de apertura externa. Los años recientes siguen evidenciando las mismas debilidades, las cuales, guardando las proporciones, han sido una constante a lo largo de su corta historia republicana.

La dependencia de pocas materias primas (petróleo, café, carbón flores, oro, entre otros), la falta de diversificación del aparato productivo, el limitado crecimiento de sectores no tradicionales, como el agroindustrial y las manufacturas (sin desconocer ligeros avances en algunos sectores específicos), las barreras logísticas que se manifiestan en altos costos de transporte y deficiencias en la infraestructura vial que elevan los costos de exportación y reducen la competitividad de los productos colombianos, siguen siendo factores limitantes recurrentes.

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En el período reciente, las exportaciones de bienes tradicionales (café, petróleo carbón y ferroníquel) han venido perdiendo participación en el total, mientras que las no tradicionales han ganado importancia.

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De otra parte, la falta de políticas de largo plazo tendientes a reindustrializar el país, unido a la alta heterogeneidad estructural requiere mecanismos estatales diferenciados en las distintas regiones del país. No todas las regiones tienen el mismo nivel de desarrollo ni tienen las mismas vocaciones productivas, lo que exige políticas públicas diferenciadas adaptables a cada territorio,

Adicionalmente, es innegable que se han hecho esfuerzos importantes en la diversificación de la canasta exportadora. Sin embargo, aún se está muy lejos de alcanzar un proceso que permita en el mediano plazo sustituir los bienes minero-energéticos por otro tipo de productos,

La volatilidad en los precios internacionales ha hecho que, por ser un país monoexportador, los choques externos se magnifiquen afectando variables como la tasa de cambio, la inflación y el crecimiento y agudizando la vulnerabilidad externa que se hace evidente en continuos y recurrentes déficits en cuenta corriente. Los períodos de altos precios de materias primas no han sido aprovechados. Después de las bonanzas minero-energéticas, que se han presentado después del proceso de apertura económica de los años noventa del siglo XX, no se han implementado políticas pertinentes que permitieran convertir los excedentes en procesos productivos industriales y agropecuarios.

La economía colombiana también es altamente sensible a la inestabilidad del entorno macroeconómico mundial, que incluye tensiones geopolíticas y políticas proteccionistas. En el siglo XXI la crisis subprime, las fuertes caídas del precio del petróleo de 2015, la pandemia y la guerra en Ucrania han causado estragos en las principales variables del sector externo colombiano.

Los déficits recurrentes en la cuenta corriente, generados por el déficit en la balanza comercial y la de ingreso primario (cuenta de renta de factores) seguirán siendo una característica central del sector externo colombiano.

Y los superávits en la cuenta de transferencias seguirán compensando el déficit de la cuenta corriente mientras continue aumentando el fenómeno migratorio, alentando el consumo interno y la demanda agregada. Sin embargo, esta fuente de divisas no es estable ni permanente. Es preciso realizar cambios estructurales que permitan mejorar la balanza comercial y la renta de factores,

Lograr niveles controlados en el déficit en cuenta corriente sirve para mantener estable la tasa de cambio y reduce la presión sobre el mercado de divisas, pero la mejor forma de lograrlo es mejorando la balanza comercial y dejando de depender del financiamiento externo. EC

[1] Profesional en la Dirección de Estudios Macroeconómicos.

[2] Se calcula sumando las importaciones y exportaciones sobre el PIB.

[3] El Índice de la tasa de cambio real (ITCR) es un precio relativo que compara el valor de una canasta de bienes en dos países diferentes, expresados en la misma moneda. Este dato se obtiene cuando se divide el precio de un grupo de bienes por el de ese mismo grupo en otro país. Esta medida refleja cual es el valor de la canasta en el extranjero (numerador) respecto al valor de la misma canasta en Colombia (denominador). Fuente Banco de la República de Colombia

[4] Month Treasury Bill Secondary Market Rate,

[5] Títulos TES B en pesos a 10 años

[6] Los 13 países miembros de la Aladi son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Referencias Bibliográficas

  • Banco de la República. Portal de estadísticas económicas.
  • Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Portal de estadísticas sector externo de Colombia.
  • Federal Reserve Bank of St. Louis. Federal Reserve Economic Data (FRED).
  • Junguito, R. (2016) Historia económica de Colombia en el siglo XX. Bogotá: Universidad Sergio Arboleda.
  • Kalmanovitz, S (2010). Nueva historia económica de Colombia. Taurus. Universidad Jorge Tadeo Lozano: Bogotá.
  • Ocampo J y Romero C (2015). La búsqueda, larga e inconclusa, de un nuevo modelo (1981-2014). En Historia Económica de Colombia. Ocampo J (compilador).

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