DE LA DESTRUCCIÓN CREATIVA A LA APROPIACIÓN CREATIVA: CÓMO LA INNOVACIÓN SE QUEDÓ EN POCAS MANOS
OSCAR BARRERA RODRÍGUEZ
BEETHOVEN HERRERA VALENCIA
LINUS ZECHLIN
Diciembre 2025, Edición 378.
Si reconstruimos las instituciones fiscales y de competencia para difundir las rentas de la innovación, el auge de la riqueza multimillonaria puede convertirse en prosperidad amplia, en lugar de una amenaza creciente para la sostenibilidad democrática.
EN LAS ÚLTIMAS CUATRO DÉCADAS, LA ECONOMÍA MUNDIAL ha generado una extraordinaria riqueza sin algún precedente, la cual se ha venido concentrando paulatinamente en cada vez menos manos. Un pequeño grupo de empresas e individuos capta hoy una cuota desproporcionada de las utilidades y de retornos del capital, reconfigurando los mercados y el poder político.
Este artículo propone un enfoque teórico renovado –releyendo a Schumpeter a través del prisma de los avances sobre innovación recientemente reconocidos con el Nobel– para examinar cómo el modelo de crecimiento actual canaliza los retornos.
Nuestra tesis es sencilla: en ausencia de contrapesos públicos sólidos, la innovación y la globalización han derivado hacia dinámicas perversas de “el ganador se lo lleva todo” y una desigualdad creciente, lo que subraya la necesidad de reglas claras y modernas en materia de fiscalidad, competencia y propiedad intelectual para corregir dichas dinámicas.
La magnitud y la velocidad de la acumulación privada son difíciles de ignorar y entrañan costes reales para el dinamismo económico y la resiliencia democrática. A escala global, la riqueza de los multimillonarios pasó de unos 2.1 billones de dólares en 1996 a alrededor de 16.1 billones en 2025 –un aumento del 667 %, equivalente a cerca del 7,3 % anual. Para ponerlo en perspectiva, la riqueza actual de los multimillonarios se sitúa a la par del PIB combinado de las cinco mayores economías de Europa: Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España.
Desde 2009, se ha más que cuadruplicado (de 3.9 a 16.1 billones), creciendo en torno al 9 % anual y superando ampliamente el crecimiento promedio de la economía mundial.
En Estados Unidos, las fortunas de los multimillonarios aumentaron de unos 644.000 millones de dólares en 1996 a aproximadamente 6.8 billones en 2025 – un incremento del 952 % (alrededor del 8,5 % anual), con un acusado impulso post pandemia: de 3.69 billones en 2015 a 6.77 billones en 2025 (un 84 %, cerca del 6,3 % anual). No se trata de una mera curiosidad distributiva. Cuando la riqueza y los beneficios se concentran en la parte superior de la distribución, los recursos se asignan de forma menos eficiente, el poder de mercado se endurece y la difusión se ralentiza –erosionando la productividad, mientras se consolida una influencia privada sobredimensionada sobre los medios, las agendas y la formulación de políticas que comprometen la buena salud de nuestra democracia.

La mayoría de los multimillonarios actuales no se enriquecieron de forma aislada; sus fortunas son derechos de propiedad sobre un puñado de grandes grupos empresariales altamente rentables, sobre todo en tecnología y farmacéutica. Estas firmas combinan escala, ventajas de datos y propiedad intelectual para sostener altos márgenes y captar una porción creciente de las rentas sectoriales.
A medida que esos beneficios se concentran, también lo hace el control de cuellos de botella clave: infraestructura en la nube, tiendas de aplicaciones, búsqueda y distribución social, y patentes. El resultado son menos rivales efectivos, mayores recargos (markups) y una difusión más lenta de nuevas ideas. En otras palabras, la concentración de riqueza individual es el síntoma visible de una concentración de mercado más profunda –una que debilita la disciplina competitiva y prepara el terreno para la influencia política.
Justamente, a medida que la riqueza se agrupa en un conjunto reducido de grupos empresariales de tecnología, finanzas y sectores adyacentes, también lo hace la capacidad de moldear reglas, agendas y narrativas. El peligro está muy cerca y es latente. Empleando datos de Open Secrets para el ciclo federal estadounidense 2023–24, encontramos que los cincuenta principales donantes individuales a campañas políticas se inclinan fuertemente hacia receptores republicanos, con participación destacada de fundadores tecnológicos, inversionistas de capital riesgo, cripto y finanzas. No se trata solo de financiación electoral; es un bucle de retroalimentación en el que la concentración económica engendra influencia política, que a su vez ayuda a preservar regímenes favorables en materia fiscal, laboral y de competencia. El resultado es una creciente dependencia de la política electoral respecto de una clase donante estrecha, una distorsión institucional que debilita la rendición de cuentas democrática, que evienciamos en la actualidad.

Habitualmente se sostiene que la concentración extrema actual es el subproducto natural de la innovación, que las empresas dominantes y las fortunas desmesuradas son simplemente el precio del progreso tecnológico. Nosotros discrepamos. Una concentración de esta magnitud refleja tanto el diseño de políticas como cualquier inevitabilidad tecnológica: elecciones sobre el alcance y la duración de la propiedad intelectual (PI), regímenes de impuestos y subvenciones, umbrales de defensa de la competencia, reglas laborales y el modo en que el Estado financia y gobierna la innovación. Con una intervención pública oportuna, no es extraño pensar que hubiéramos logrado igual o mayor crecimiento con una difusión más amplia –más espacio para la competencia, democratización más extensa y pronta de la tecnología y menos concentración de rentas en la parte alta de la distribución– en lugar del modelo actual que privatiza ganancias y socializa riesgos.
Una mirada neo-schumpeteriana revisada puede ayudar a entender este proceso. La innovación impulsa el crecimiento, pero sus retornos sociales dependen de las instituciones que gobiernan la difusión y disciplinan el poder de mercado. Cuando la política se inclina a proteger a los ganadores, mediante una PI expansiva, fusiones permisivas y una fiscalidad débil, la innovación se vuelve asimétrica: se amplifican las rentas de los pioneros mientras que la difusión, la competencia y la productividad general se resienten.
El resto de este artículo se organiza de la siguiente manera. La sección 2 presenta el marco teórico: la exposición de Schumpeter (1934) sobre innovación y acumulación y el modelo de crecimiento por destrucción creativa de Aghion y Howitt (1992). La sección 3 aplica este enfoque al caso de Amazon, documentando cómo ciertas prácticas convierten la escala innovadora en poder de mercado y riqueza personal. La sección 4 aborda la política pública, sosteniendo que reglas modernizadas de tributación y competencia son esenciales para contrarrestar la acumulación extrema. Concluimos reflexionando sobre el papel del Estado para mantener la innovación abierta, los mercados competitivos y una democracia resiliente.
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La mayoría de los multimillonarios actuales no se enriquecieron de forma aislada; sus fortunas son derechos de propiedad sobre un puñado de grandes grupos empresariales altamente rentables, sobre todo en tecnología y farmacéutica.
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Una teoría económica de la innovación De Schumpeter al capitalismo de monopolio intelectual
El análisis de Joseph Schumpeter (1934) sobre los ciclos innovadores sigue siendo una piedra angular de su obra y, desde entonces, central en la literatura de emprendimiento, gestión y economía aplicada. Para él, la fuerza determinante detrás de los ciclos empresariales son los procesos de innovación, incluidas nuevas tecnologías, productos y procesos. En su marco dinámico e interactivo, las empresas se dividen entre innovadoras y rezagadas. Las firmas innovadoras acceden a cuotas de mercado mayores, o incluso a mercados enteramente nuevos, al obtener ventaja sobre sus competidoras, generando rendimientos por encima de la media en forma de rentas económicas. Las rezagadas, a su vez, se ven incentivadas a imitar la innovación de lo contrario estarán destinadas a salir del mercado. Al mismo tiempo, las innovadoras líderes pueden ser superadas por nuevas empresas y perder su posición de liderazgo. Este proceso interactivo es la base de los ciclos de innovación y un motor clave del crecimiento económico. Schumpeter lo acuñó como destrucción creativa, aludiendo al surgimiento de nuevas firmas (innovadoras) mientras las rezagadas son desplazadas.
Con todo, Schumpeter también reconoce más tarde que las dinámicas de escala pueden alterar este proceso. La innovación ocurre principalmente a través del gasto en investigación y desarrollo (I+D). Si las grandes empresas son capaces de utilizar sus recursos financieros para incrementar drásticamente su I+D, ello les permite conservar su condición de innovadoras por delante de otras firmas. Acumulan capacidades creativas (innovadoras) y compensan sus mayores costes mediante un dominio de mercado creciente y, por tanto, una mayor rentabilidad.
Formalizados como Mark I y Mark II, estos dos escenarios –destrucción creativa y acumulación creativa– describen patrones schumpeterianos de actividad innovadora que difieren en el tamaño de las firmas innovadoras y en el ritmo de imitación de las rezagadas (Kamien y Schwartz, 1982; Nelson y Winter, 1985). Con frecuencia, estos regímenes de innovación exhiben histéresis, y aparecen diferencias persistentes entre sectores, caracterizadas por concentración, jerarquía y estabilidad de los patrones de innovación (Breschi et al., 2000). Mark I y Mark II han sido ampliamente utilizados en la investigación empírica[4].
En las últimas décadas, sin embargo, estos patrones se han visto sacudidos por el predominio del capital monopolista. Diversas tendencias estilizadas describen la aparición de lo que se ha denominado “capitalismo de monopolio intelectual” (Pagano, 2014). La financiarización corporativa desacopla la rentabilidad de la inversión y desplaza la atención de las empresas hacia las retribuciones al accionista (Epstein, 2005; Stockhammer, 2005). Además, la inversión en activos intangibles –como software, patentes o datos– se ha disparado y ha superado a su contraparte tangible (Haskel y Westlake, 2018; Corrado et al., 2022).
Estas tendencias de fondo moldean el capitalismo contemporáneo en su conjunto, pero también generan implicaciones concretas para los patrones de innovación. A partir de un viraje general hacia una economía basada en mega‑corporaciones altamente digitalizadas y de plataforma, la propiedad intelectual se ha consolidado como un motor clave de la concentración sectorial.
Si bien el aumento del capital intangible es un fenómeno general, es especialmente acusado en los sectores de tecnologías de la información y farmacéutico. Las firmas líderes –como el conjunto MAAFiA[5] y la Big Pharma– han orientado casi por completo sus estrategias de crecimiento en torno al capital intangible y, no por casualidad, representan posiciones dominantes en índices de referencia como el S&P 500[6]. Aunque la intensidad intangible en estos sectores obedece en parte a sus modelos de negocio, refuerza dinámicas cruciales mediante efectos de red fuertes, escalabilidad y el carácter plataforma de las empresas.
Esto también tiene implicaciones decisivas para los patrones de innovación. La rápida acumulación de activos intangibles por parte de las firmas líderes les permite monopolizar habilidades intelectuales y extraer de forma sostenida rentas económicas elevadas. Estos monopolios intelectuales interactúan con otras tendencias macro de diversas maneras. Por ejemplo, el entramado internacional de las cadenas globales de valor (CGV) y la consiguiente fragmentación de los procesos productivos conducen a una distribución desigual de intangibles a lo largo de la cadena. La creación de valor se produce de manera desproporcionada en los eslabones intensivos en intangibles, donde se ubican la I+D o el branding y las marcas, mientras que los productores quedan atrapados en condiciones de bajo valor añadido (Durand y Millberg, 2020).
Baines y Hager (2024) encuentran un aumento sustancial de los patrones de monopolio intelectual en las empresas estadounidenses desde el siglo XX, especialmente pronunciado en las industrias farmacéutica y tecnológica. Definen estos patrones como el resultado convergente de la rentierización (el aumento de la rentabilidad primordialmente en beneficio de los accionistas) y la acumulación de intangibles (mayor inversión intangible frente a la tangible y rápida capitalización bursátil).
El concepto de monopolios intelectuales no posee una única definición, pero distintos marcos conceptuales coinciden en reconceptualizar la extracción de rentas basada en la innovación de Schumpeter. Rikap (2018, 2021, 2023) ofrece una buena panorámica de los distintos enfoques de MI. En su propia formulación, proponen la aparición de un patrón “Mark III” de innovación, en el que la acumulación creativa da paso a procesos apropiativos. Las firmas líderes ejercen un control sobre el conocimiento de tal magnitud que pueden externalizar procesos de I+D –y los riesgos asociados– a startups o scaleups más pequeñas. Luego, se valen de sus recursos financieros para apropiarse de quienes innovan con éxito y capitalizar las rentas generadas por esa I+D.
En el sector de tecnologías de la información, empresas líderes como Microsoft o Amazon (a través de AWS) evitan incluso la necesidad de adquirir firmas al controlar soluciones tecnológicas imprescindibles para las empresas más pequeñas (Rikap, 2024). En consecuencia, los monopolios intelectuales se caracterizan por patrones de extracción vertical que reducen el papel de las pequeñas y medianas empresas a proveer la innovación que finalmente es apropiada por las firmas dominantes.
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A medida que la economía digital maduró, el patrón se invirtió. La disrupción pasó a absorberse más que a desplazar. Myspace cedió terreno a Facebook; la siguiente ola (Instagram, WhatsApp) no supuso un vuelco del mercado, sino una consolidación: fueron adquiridas e integradas bajo Meta.
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Repensar el crecimiento impulsado por la innovación
Volviendo a Aghion y Howitt (1992), la emergencia de monopolios intelectuales exige repensar críticamente la innovación como motor del crecimiento. En contextos de MI, la innovación sirve primordialmente para aumentar la rentabilidad en un entorno orientado al accionista, lo que contiene la inversión (Auvray et al., 2021) y las trayectorias de crecimiento (Schwartz, 2021).
Estas tendencias se agravan por la interacción bicausal con fenómenos macroeconómicos de mayor alcance, como el aumento de la concentración de mercado (Hager y Baines, 2020; Kwon et al., 2024; Barrera‑Rodríguez et al., 2025). Atribuir de manera acrítica la innovación al crecimiento económico pasa por alto el entramado complejo entre fuerzas económicas contrapuestas que dan forma al capitalismo contemporáneo.
Evidencia empírica
Sin embargo, en algunas ocasiones la selección schumpeteriana no ocurre entre empresas, sino dentro de los propios grupos líderes. Los grandes presupuestos permiten a las corporaciones dominantes acopiar capacidades innovadoras – mediante I+D sostenida, contratación estratégica, ventajas de datos y acceso preferente al capital–, ampliando la brecha con los imitadores. El resultado es una difusión más lenta, rentas más generosas y un desplazamiento de los mercados competitivos hacia la canibalización tecnológica interna dirigida: las empresas líderes sustituyen repetidamente sus propios productos antes de que otros puedan hacerlo.
Nosotros sostenemos que el marco de Aghion y Howitt puede bien describir los primeros años 2000: la crisis puntocom barrió ideas frágiles y recompensó a un puñado de auténticos transformadores. Amazon y Google sobrevivieron y escalaron; una segunda generación de plataformas, con Facebook/Meta entre ellas, redefinió el comercio y la comunicación. Efectivamente, por un tiempo, se experimentó un caso de manual de destrucción creativa entre firmas.
A medida que la economía digital maduró, el patrón se invirtió. La disrupción pasó a absorberse más que a desplazar. Myspace cedió terreno a Facebook; la siguiente ola (Instagram, WhatsApp) no supuso un vuelco del mercado, sino una consolidación: fueron adquiridas e integradas bajo Meta. Lógicas similares se presentan en otros mercados tecnológicos: a los nuevos desafiantes se los compra (o se los replica), se gestionan los ciclos de producto para preservar las rentas dentro del mismo paraguas corporativo. La expansión de la propiedad intelectual y una aplicación débil del antimonopolio reforzaron esta deriva, permitiendo que la primera generación de ganadores tras la puntocom convirtiera la destrucción creativa en acumulación creativa: la innovación continúa, pero los beneficios permanecen en casa.
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Habitualmente se sostiene que la concentración extrema actual es el subproducto natural de la innovación, que las empresas dominantes y las fortunas desmesuradas son simplemente el precio del progreso tecnológico.
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Evitar la destrucción mediante poder de monopolio: el caso de Amazon
Entre las muchas historias de plataformas de las dos últimas décadas, ninguna es más paradigmática que Amazon. La innovación no siempre avanzó mediante rivalidad abierta o creación de valor superior; a menudo operó a través de estrategias que limitaron la competencia y afianzaron la dominancia. Amazon sobrevivió a la puntocom con avances operativos reales muy destacables: automatización, relaciones directas con fabricantes, un volante logístico (flywheel), pero en los años siguientes adoptó cada vez más prácticas monopolísticas destinadas a proteger y ampliar sus rentas, lo opuesto a la dinámica de “destrucción creativa” que erosiona rentas prevista por Aghion y coautores.
El episodio de Diapers.com es emblemático[7]. Entre 2008 y 2009, la startup creció con rapidez atendiendo un mercado en línea desatendido de productos para bebés. Tras rechazar su oferta de compra, Amazon lanzó “Amazon Mom” y emprendió una guerra de precios en bienes clave, vendiendo presuntamente por debajo del coste durante un periodo prolongado. Con bolsillos más profundos, Amazon pudo resistir a su rival; Diapers.com terminó adquirida por un precio muy inferior y, después, los precios subieron. La lección fue clara: cuando la innovación externa amenazaba a la plataforma, la respuesta era neutralizar o internalizarla.
Amazon convirtió luego la internalización en estrategia. Se involucró en el mercado de streaming para competir con Netflix con Prime Video y empaquetar contenido multimedia con entrega de pedidos gratis para reforzar su poderío; desplegó Prime Music y otros beneficios a los usuarios para consolidar este ecosistema; lanzó Kindle, lo cual reconfiguró la edición y venta de libros; compró Kiva Systems para automatizar almacenes y procesos antes realizados por humanos; se expandió a medios (The Washington Post), asistentes de voz (Alexa), alimentación (Whole Foods) y ventas al menor sin cajas (Amazon Go). Cada movimiento amplifica las ventajas y acceso a datos, reduce los costos y extiende el control sobre mercados adyacentes.
Este arco encaja con lo que Cecilia Rikap y otros describen como capitalismo de monopolio intelectual: en Big Tech y farmacéutica, sobre todo, las firmas líderes orquestan cadenas globales de valor, trasladan riesgo a proveedores y startups y, aun así, capturan una cuota desproporcionada de las rentas de la innovación (Rikap, 2024). Es menos destrucción creativa que apropiación creativa: la innovación continúa, pero sus ganancias se encierran dentro del perímetro corporativo del grupo empresarial lider. En el caso de Amazon, productos exitosos descubiertos por terceros se replican con marcas propias y se impulsan mediante una infraestructura de datos y logística sin ningún referente. El saldo es una plataforma que aspira a ser un minorista universal algo así como una economía dentro de la economía, que amenaza la entrada competitiva, estrecha el espacio para la innovación independiente y, con el tiempo y la creciente automatización de los procesos, arriesgan así la sostenibilidad de la demanda agregada, pues menos humanos involucrados en el proceso productivo se traduce en mayor desempleo y, por extensión, en una disminución del consumo.
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Si la política determina si los beneficios se difunden o se estancan, el primer lugar para actuar es la capacidad fiscal. justamente, los beneficios, por sí solos, no explican la escala de la acumulación; el eslabón perdido es la erosión sostenida de la capacidad del impuesto de sociedades.
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De las rentas de plataforma a las fortunas personales
El paso final de esta historia es cómo las rentas de plataforma se traducen en fortunas privadas. Las prácticas de Amazon no solo rindieron poder de mercado; produjeron una rentabilidad extraordinaria ingenierizada geográficamente, un combustible para ganancias excepcionales. Según nuestras propias estimaciones[8], entre 2014 y 2024, Amazon generó aprox. 3.6 billones de dólares en ingresos globales y 197.000 millones en beneficio antes de impuestos, con más del 90 % de ese beneficio declarado en Estados Unidos pese a su huella verdaderamente global. Esa geografía contable –impulsada por la ubicación de su propiedad intelectual (PI), precios de transferencia y asignación interna de costes (históricamente, incluidas estructuras en Luxemburgo)– concentra la base imponible donde resulta más ventajoso.
El resultado fue un negocio de alcance mundial con beneficios desorbitantes y una carga fiscal efectiva muy por debajo de los tipos nominales (unos 27.000 millones sobre 197.000 millones globales, cerca del 14 %; alrededor de 16.000 millones sobre casi 180.000 millones en EE. UU., debajo del 9 %). Esas utilidades retenidas y la expectativa de rentas duraderas se capitalizaron directamente en el valor de mercado de Amazon y, por extensión, en la riqueza de Jeff Bezos.
Dado que la riqueza de Bezos está abrumadoramente ligada a los resultados empresariales de Amazon, la capacidad de la firma para convertir ingresos globales en beneficios poco gravados declarados en EE. UU. alimentó su imperio: márgenes altos → valoración más alta → mayor patrimonio multimillonario. Sume reinversión estratégica, adquisiciones selectivas y una emisión neta limitada de acciones (junto con autorizaciones episódicas de recompras). Este es el mecanismo central que vincula el capitalismo de monopolio intelectual con el auge de la riqueza multimillonaria documentada antes: cuando los beneficios están protegidos por control de plataforma, cercos de PI y arbitraje regulatorio, las ganancias se concentran desproporcionadamente en una clase propietaria estrecha. En Amazon, la excelencia operativa es real, pero también lo es la arquitectura institucional que magnifica y concentra sus recompensas, con Jeff Bezos como beneficiario paradigmático.
Beneficios corporativos como tubería personal
Amazon no es una anomalía; es un modelo. En múltiples sectores –automoción y semiconductores, plataformas y software empresarial–, un pequeño conjunto de firmas y fundadores captura una porción desmedida del crecimiento de beneficios global.
Elon Musk, Larry Ellison, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y Jensen Huang ejemplifican cómo los beneficios corporativos concentrados se convierten directamente en fortunas privadas vía las valoraciones accionariales. Las empresas detrás de esas fortunas –Tesla, Oracle, Meta, Amazon, Nvidia, pero también Apple, Alphabet y Microsoft– explican una tajada desproporcionada de las ganancias globales. En Estados Unidos, los beneficios corporativos después de impuestos pasaron de aprox. 624.000 millones en 1996 a unos 1.78 billones en 2024 (+185 %).
Los márgenes –antes cíclicos– se han endurecido como rasgo estructural, promediando dos dígitos bajos en el periodo post pandemia, potenciados por el auge de la IA, la nube y la publicidad digital. El salto más agudo llegó durante la recuperación del covid: de alrededor 1.19 billones (2020) a cerca 1.79 billones (2021), casi +50 % en un solo año. No es mera espuma de activos; refleja un modelo guiado por beneficios que canaliza rentas corporativas hacia la riqueza multimillonaria, que como vimos más arriba, pueden comprometer el buen desempeño de las instituciones democráticas.

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Los márgenes –antes cíclicos– se han endurecido como rasgo estructural, promediando dos dígitos bajos en el periodo post pandemia, potenciados por el auge de la IA, la nube y la publicidad digital.
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Discusión e implicación de política
Si este patrón es general, el remedio también debe serlo. La política –no la tecnología por sí sola– decide si los beneficios se difunden o se estancan. Queremos destacar dos herramientas que pueden ser muy útiles para mitigar la creciente concentración. Primero, la fiscalidad: la capacidad efectiva del impuesto de sociedades (combatir las prácticas dudosas con PI y precios de transferencia, y transferencia de utilidades para evitar el pago efectivo de impuestos) determina qué parte de los retornos extraordinarios se recicla en inversión pública en lugar de acumularse en tesoros privados. Segundo, la política activa anti-monopolista: el control de concentración de mercados, las normas de acceso a datos, prácticas de dumping y los límites al self-preferencing mantienen los mercados disputables para que la innovación se traduzca en entrada y difusión, no solo en mayores mark-ups. En suma, la misma arquitectura institucional que posibilitó el auge de beneficios –arbitraje fiscal, consolidación permisiva, PI expansiva– puede reequilibrarse. Si se hace, el conducto que va de los beneficios corporativos a las fortunas personales se debilita; si se deja intacto, la concentración seguirá siendo el ajuste predeterminado de la economía contemporánea.
Si la política determina si los beneficios se difunden o se estancan, el primer lugar para actuar es la capacidad fiscal. Justamente, los beneficios, por sí solos, no explican la escala de la acumulación ya ilustrada; el eslabón perdido es la erosión sostenida de la capacidad del impuesto de sociedades. Desde mediados de los noventa, los tipos efectivos pagados por las empresas estadounidenses han tendido a la baja a lo largo de la distribución –en firmas pequeñas y medianas, así como en el 1 % superior– incluso cuando crecían los beneficios y márgenes agregados. La Tax Cuts and Jobs Act de 2017[9] aceleró este giro: además de recortar el tipo legal del 35 % al 21 %, amplió el arsenal (p. ej., amortización acelerada, tratamiento de la remuneración en acciones y esquemas transfronterizos de PI) que permite a las multinacionales registrar altos retornos con tipos efectivos bajos. El efecto neto es una redistribución a favor de las firmas dominantes con rentas y en detrimento de los ingresos y gasto público –educación, investigación, infraestructuras– lo que sustenta la productividad. Reconstruir la capacidad del impuesto de sociedades es, por tanto, una política de competitividad tanto como una política de equidad.

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Reconstruir la capacidad del impuesto de sociedades es, por tanto, una política de competitividad tanto como una política de equidad.
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Además, la regulación pública es crucial para prevenir estas prácticas –de las cuales ya existe evidencia. En 2020, la UE demandó a Amazon por usar datos de vendedores para copiar productos y promocionar los propios, obligando a la empresa a limitar esa práctica (Comisión Europea, 2020).
En 2022, California demandó a Amazon por prohibir a los vendedores ofrecer precios más bajos en otros sitios (Departamento de Justicia de California, Oficina del Fiscal General, 2022). Un año después, la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. y 17 estados la acusaron de mantener ilegalmente el poder de monopolio (Federal Trade Commission, 2023). Estas acciones muestran que la regulación es vital, pero quizá llegó tarde, cuando Amazon ya había acumulado un vasto poder económico y político.
Aunque esta dinámica parece nueva en la era digital, la historia ofrece un precedente claro. A comienzos del siglo XX, Standard Oil controlaba alrededor del 90 % del mercado petrolero estadounidense, usando su dominio para aplastar rivales y manipular precios. El gobierno de EE. UU. finalmente la desintegró en 34 compañías para restaurar la competencia: un recordatorio de que la concentración descontrolada ha exigido desde hace tiempo una acción estatal decidida.

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Para proteger la innovación y la democracia, necesitamos una fiscalidad progresiva más fuerte y una política de competencia modernizada que frene la concentración excesiva y mantenga los mercados abiertos y dinámicos.
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En trabajos recientes, Aghion y Griffith (2024) advirtieron de un peligro central de una regulación de mercados débil: una innovación sin control puede reforzar la desigualdad y concentrar riqueza y poder –resultados perjudiciales tanto para la eficiencia como para la democracia–. Sin una supervisión activa, un puñado de empresas puede afianzar un dominio global. Esa advertencia es hoy un hecho observable.
Para 2025, Jeff Bezos, fundador de Amazon, había acumulado una riqueza estimada de unos 230.000 millones de dólares, situándose como la cuarta persona más rica del mundo (Forbes). Tales extremos de riqueza privada cristalizan cómo la “destrucción creativa” ha mutado en acumulación creativa: menos un concurso abierto de ideas que la dominancia duradera de las firmas y sus principales.
Para proteger la innovación y la democracia, necesitamos una fiscalidad progresiva más fuerte y una política de competencia modernizada que frene la concentración excesiva y mantenga los mercados abiertos y dinámicos. Tal y como concluye justamente uno de los laureados con el premio Nobel en Economía 2025:
“La política pública debe incentivar la innovación asegurando, al mismo tiempo, que los innovadores de ayer no utilicen sus rentas para disuadir la entrada de nuevos competidores, socavando así el crecimiento de la productividad, la movilidad social y la igualdad. Esto requiere una combinación de regulación, tributación progresiva y una política de competencia ilustrada.” — Aghion y Griffith, 2024 —
Si reconstruimos las instituciones fiscales y de competencia para difundir las rentas de la innovación, el auge de la riqueza multimillonaria con el que abrimos este ensayo puede convertirse en prosperidad amplia, en lugar de una amenaza creciente para la sostenibilidad democrática. EC
[1] Investigador posdoctoral (Research Fellow), University College Dublin. Investigador en el World Inequality Lab.
[2] Profesor Emérito de la Universidad Nacional. Asesor externo de la Contraloría Delegada para Economía y Finanzas.
[3] Doctorado (PhD Fellow), University College Dublin, School of Politics and International Relations.
- Este trabajo ha sido financiado por una beca Consolidator del Consejo Europeo de Investigación (ERC), Proyecto 101125672 Democracy Challenged. Agradecimientos a Aidan Reagan, Lakshmi Menon y Rafael Quintero Godínez.
[4] Para una revisión más comprensiva visitar el trabajo de Rikap (2024, pp 1039 – 1040)
[5] Microsoft, Alphabet, Amazon, Facebook (ahora Meta) y Apple.
[6] macromicoo.me – Consultado el 5 de noviembre de 2025.
[7] Para un recuento basado en correos internos que documentan la estrategia de Amazon frente a Diapers.com, véase Ars Technica (2020): Emails detail Amazon’s plan to crush a startup rival with price cuts, disponible en: https://arstechnica.com/tech-policy/2020/07/emails-detail-amazons-plan-to-crush-a-startup-rival-with-price-cuts/.
[8] Fuente: Orbis Histórico.
[9] La Tax Cuts and Jobs Act (2017) reformó profundamente el impuesto corporativo en EE. UU.: bajó la tasa legal del 35 % al 21 %, introdujo un sistema casi territorial y creó los regímenes GILTI, BEAT y FDII, además de permitir depreciación inmediata (full expensing) y establecer un impuesto transitorio a la repatriación de utilidades acumuladas.
Referencias Bibliográficas
- Aghion, P. and Griffith, R. (2024). ‘Innovation and inequalities,’ Oxford Open Economics, 3(Supplement_1), pp. i1002–i1005. https:// doi.org/10.1093/ooec/odad057.
- Aghion, P. and Howitt, P. (1992) ‘A model of growth through creative destruction,’ Econometrica, 60(2), p. 323. https://doi. org/10.2307/2951599.
- Auvray, T. et al. (2021). ‘Corporate financialization’s conservation and transformation: from Mark I to Mark II,’ Review of Evolutionary Political Economy, 2(3), pp. 431–457. https://doi.org/10.1007/s43253-021-00045-4.
- Baines, J. and Hager, S.B. (2024). ‘Rentiership and intellectual monopoly in contemporary capitalism: conceptual challenges and empirical possibilities,’ Socio-Economic Review. https://doi.org/10.1093/ser/mwae076.
- Barrera-Rodríguez, O. et al. (2025). Winner-Takes-All: Corporate Tax Avoidance, Market Power, and Wealth Concentration in Advanced Capitalist Democracies. Democracy Challenged Working Paper Series. https://doi.org/10.2139/ssrn.5216569.
- Breschi, S., Malerba, F. and Orsenigo, L. (2000). ‘Technological regimes and Schumpeterian patterns of innovation,’ The Economic Journal, 110(463), pp. 388–410. https://doi.org/10.1111/1468-0297.00530.
- California Department of Justice, Office of the Attorney General (2022). Attorney General Bonta announces lawsuit against Amazon for blocking price competition. https://oag.ca.gov/news/press-releases/attorney-general-bonta-announces-lawsuit-against-amazonblocking- price
- Corrado, C. et al. (2022). ‘Intangible capital and modern economies,’ The Journal of Economic Perspectives, 36(3), pp. 3–28. https:// doi.org/10.1257/jep.36.3.3.
- Durand, C. and Milberg, W. (2019). ‘Intellectual monopoly in global value chains,’ Review of International Political Economy, 27(2), pp. 404–429. https://doi.org/10.1080/09692290.2019.1660703.
- Epstein, G.A. (2005). Financialization and the world economy. Edward Elgar Publishing.
- European Commission (2020). Antitrust: Commission sends Statement of Objections to Amazon for the use of non-public independent seller data and opens second investigation into its e-commerce business practices. European Commission. https://ec.europa.eu/ commission/presscorner/api/files/document/print/en/ip_20_2077/IP_20_2077_EN.pd
- Federal Trade Commission (2023). FTC sues Amazon for illegally maintaining monopoly power. https://www.ftc.gov/news-events/ news/press-releases/2023/09/ftc-sues-amazon-illegally-maintaining-monopoly-power
- Hager, S.B. and Baines, J. (2020). ‘The Tax Advantage of Big Business: How the structure of corporate taxation fuels concentration and inequality,’ Politics & Society, 48(2), pp. 275–305. https://doi.org/10.1177/0032329220911778.
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